Juan José Bernete Aguayo, Capitán Chimeno, (1912-1937)

Juan José Bernete Aguayo, “Capitán Chimeno” (Vida y obra)

Juan José Bernete Aguayo, “Capitán Chimeno”
Juan José Bernete Aguayo, “Capitán Chimeno”

Juan José Bernete Aguayo, Capitán Chimeno, (1912-1937) Nació el 23 de noviembre de 1912 en Silillos, Córdoba, Analucia, (España) y murió el 18 de septiembre de 1937 en Fuenteobejuna, Córdoba, Andalucia, (España).

Hijo de familia numerosa y humilde creció en un chozo en el cortijo de Bramadero a la sombra del terrateniente y cacique del pueblo, Martínez Lora. Allí aprendió a montar a caballo y a tirar con la escopeta, tenía una puntería prodigiosa.

Era una persona con grandes inquietudes y de una gran inteligencia. Aprendió a leer con lo poco que pudieron explicarle, pues nunca fue a la escuela.

De los periódicos que caían en sus manos aprendió que existían otras maneras de vivir, que el ambiente de opresión, miseria e injusticia en el que él y sus hermanos crecían era inhumano.

Día a día fue rebelándose contra esa situación hasta que decidió escapar de aquella vida. Se tiró al monte con un compañero, a la sierra de Hornachuelos, Córdoba, Andalucia, (España) en este viaje se encontró con dos terratenientes a los que no hizo nada, pero por los que fue denunciado.

Partidas de la Guardia Civil de los contornos lo buscaron sin descanso, hasta que él, viendo que no podía permanecer oculto tanto tiempo y temiendo por su familia, se entregó.

En 1933 fue juzgado, pero como en aquel entonces no contaba los 21 años de edad fue enviado al reformatorio de Alcalá de Henares, Madrid, (España).

A partir de los hechos de octubre de 1934, con la llegada masiva de presos anarquistas a las cárceles, José empieza a acercarse a la doctrina libertaria, sus nuevos compañeros le enseñan la teoría política, a escribir y a estudiar.

Con la llegada del Frente Popular al gobierno de la República se produce una amnistía que le libera de su condena. Lo primero que hace es regresar a Silillos, Córdoba, Analucia, (España) a trabajar en el campo y a empezar su trabajo como sindicalista de la CNT.

Es muy bien acogido por su gente que está dispuesta a defender sus derechos como trabajadores del campo. Su máximo interés es concienciar a los jornaleros de que organizados y juntos constituyen una fuerza poderosa.

El 18 de julio, cuando los fascistas golpistas intentan derrocar el gobierno de la República, democráticamente constituido, José se encuentra en Marinaleda, Sevilla, Andalucia, (España). Vuelve a su pueblo a organizar la resistencia, es consciente del peligro que puede acechar a su gente. Cuando llega subido en su caballo a su aldea, el pueblo lo está esperando con los brazos abiertos, enseguida organiza los grupos de defensa y empieza a formarse la famosa caballería del Chimeno. Repele los primeros ataques de la guarnición de Écija, Sevilla, Andalucia, (España) sobre la Colonia de Fuente Palmera.

Hombres y muchachos se unen a su caballería que cada vez es más numerosa. Logra reducir a los guardias civiles y a los caciques de Fuente Palmera que se habían atrincherado en el Cuartel, los encarceló, pero no permitió que se ejerciera ningún tipo de violencia sobre ellos, no hubo ninguna baja en el bando de los alzados.

Su área de acción se amplía intentando liberar plazas como Almodóvar, Guadalcázar, Peñaflor y otras, con diferente suerte. Establece su cuartel general en el cortijo en el que creció, entre Silillos y Palma del Río.

A finales de agosto las fuerzas llegadas de Sevilla toman La Colonia, Chimeno y toda su gente tienen que huir para salvar su vida. Avisaron a todos de la entrada de los fascistas animándolos a marcharse con ellos, pues José sabía que la represión sería muy dura, como así fue.

Mucha gente decidió acompañar a Chimeno camino de la Sierra hacia Zona Roja. Según testigos, eran cientos, y José se encargó de protegerlos y alimentarlos hasta que llegaron a zona republicana, donde cada uno cogió un destino diferente: Pozablanco, Villanueva de Córdoba y otros marcharon a Ciudad Real.

Chimeno siguió con su caballería por el cerro Muriano, le acompañaban sus hermanos Antonio y Francisco. Llegó un momento en que vio que la lucha de guerrillas no era suficiente, que había que ingresar en las filas del ejército republicano, aunar fuerzas y esfuerzos.

El 31 de diciembre de 1936 es nombrado capitán de la 73 Brigada Mixta, Bón. Bautista Garcés (batallón comunista), batallón 1, 3ª Cia. El objetivo en esos primeros meses era salvar a la República, sin pensar en las filiaciones políticas personales, entre sus hombres había desde el principio gente de la CNT, de la UGT, socialistas y comunistas, pero en aquellos días todos eran republicanos. Su valentía en batalla era tal, que él, a pesar de su rango, siempre iba en cabeza, sus hombres no sólo le respetaban, sino que lo querían.

El día 18 de septiembre de 1937, según varios testimonios, se presenta en el frente una persona que insta a Chimeno a tomar un cerro cercano. José no se lo pensó dos veces y salió junto a su comisario Francisco Atalaya a tomar la posición. Iban parapetados cada uno tras un tanque, a pocos metros de los nidos de ametralladoras del enemigo, el tanque que protegía al Capitán Chimeno se hizo a un lado dejándolo al descubierto. Las armas de los fascistas acabaron con su vida, su amigo Francisco quiso recuperar su cuerpo, pero también fue abatido.

Su Compañía atacó sufriendo varias bajas para poder recuperar el cuerpo sin vida de su Capitán, no querían que el enemigo pudiera mancillarlo. Todos hablaron de traición, de que alguien quiso vender a José. Cayó en combate, luchando por la libertad en el cerro Mulva, Fuenteovejuna, Córdoba, Andalucia, (España). a la edad de 25 años.

Tuvo un entierro multitudinario en Villanueva de Córdoba, Andalucia, (España). la banda de música interpretó la Internacional y sobre su féretro llevaba la bandera republicana, por la que dio su vida. Acudió el General Pérez Salas que lo nombró comandante a título póstumo. Dejó una viuda y una hija que nacería tres meses más tarde, a unos familiares y amigos desolados, y una leyenda que no ha muerto.

Un hombre bueno, justo, valiente, el mejor tirador, un luchador incansable de gran generosidad. La figura de este líder campesino fue inmortalizada en el poema “Capitán Ximeno”, que Pedro Garfias le dedica en su libro “Héroes del Sur”. Y también en los sentidos versos de su paisana Francisca Adame Hens, un homenaje que ella le hace con la voz del pueblo. Seguro que a él le hubiera encantado saber que Francisca, aquella niña que fue a verlo cuando estaba enfermo, es una mujer luchadora y valiente que ha mantenido vivo el espíritu de la II República.

Homenaje al Chimeno Al pueblo de Los Silillos, Córdoba, Andalucia, (España). tenemos que valorar, porque aquí brotó una semilla de justicia y libertad. Porque aquí nació el Chimeno, un gran héroe de la guerra, que defendió La Colonia con justicia y sin violencia. A nadie le hizo daño, a nadie le quitó ná, pues sólo quería un caballo pa correr en libertad.

A la sierra se marchó lo mismo que un bandolero, con su caballo y su gente a nada le tenía miedo.

¡Ay batallón de Garcés!, su Segunda Compañía, donde él estuvo luchando hasta que perdió su vida.

Era tanto su valor, que no temía a las balas, y a todo el que iba con él su valor le contagiaba.

Pero un día, triste día, que abusó de su valor, una bala traicionera una tarde lo mató.

Para recoger su cuerpo murieron muchos soldados y junto a su cuerpo muerto, muerto estaba el del comisario.

Cuando sonaron las Salvas allá en el frente a lo lejos, allí estaban los colonos en el frío cementerio.

En el frío cementerio de Villanueva de Córdoba donde se quedó enterrao el Héroe de La Colonia.

Francisca Adame Hens.

Al Capitán Ximeno Muerto en el frente de Córdoba.

Mirada azul de Ximeno con cara de niño bueno.

Mirada de azul cuajado, de azul acero templado, tan inocente bajo la paz de la frente.

Dicen, Ximeno, que fuiste bandolero y que supiste de la fuga por los montes hacia aquellos horizontes donde nadie sabe dónde un tibio rincón se esconde para el hombre como el ave sedienta de libertad.

Y quién sabe si fue mentira o verdad.

Yo te he visto Capitán en el frente cordobés; Capitán del Batallón de Garcés.

Valiente, serio, callado, gran soldado sobre tu caballo alzado,

– ¡qué buena estampa tenías!

– tu mirada como el cielo, desperezando su vuelo sobre lentas lejanías…

Y ahora irás por las veredas y entre breñas y jarales

– no por blandas alamedas ni por caminos realesa la muerte….

Buen viaje.

Tu pistola sin reposo y tu caballo nervioso serán tu solo equipaje.

Y tu silencio y tu afán desolados….

Capitán de bandidos y soldados.

¡Y a mí qué si yo siempre te veré con la muerte terca enfrente y tu mirada inocente mirándola fijamente! ¡Ay Ximeno, Capitán del Batallón de Garcés; ¡Capitán de la cabeza a los pies!

Pedro Garfias. Héroes del Sur. 1938

Nació en Silillos (Córdoba) el 23 de noviembre de 1912 y murió en Fuenteobejuna (Córdoba) 18 de septiembre de 1937

 

Homenaje al Chimeno

Al pueblo de Los Silillos
tenemos que valorar,
porque aquí brotó una semilla
de justicia y libertad.
Porque aquí nació el Chimeno,
un gran héroe de la guerra,
que defendió La Colonia
con justicia y sin violencia.
A nadie le hizo daño,
a nadie le quitó ná,
pues sólo quería un caballo
pa correr en libertad.
A la sierra se marchó
lo mismo que un bandolero,
con su caballo y su gente
a nada le tenía miedo.
¡Ay batallón de Garcés!,
su Segunda Compañía,
donde él estuvo luchando
hasta que perdió su vida.
Era tanto su valor,
que no temía a las balas,
y a todo el que iba con él
su valor le contagiaba.
Pero un día, triste día,
que abusó de su valor,
una bala traicionera
una tarde lo mató.
Para recoger su cuerpo
murieron muchos soldados
y junto a su cuerpo muerto, muerto
estaba el del comisario.
Cuando sonaron las Salvas
allá en el frente a lo lejos,
allí estaban los colonos
en el frío cementerio.
En el frío cementerio
de Villanueva de Córdoba
donde se quedó enterrao
el Héroe de La Colonia.
Francisca Adame Hens.
Al Capitán Ximeno
Muerto en el frente de Córdoba.
Mirada azul de Ximeno
con cara de niño bueno.
Mirada de azul cuajado,
de azul acero templado,
tan inocente
bajo la paz de la frente.
Dicen, Ximeno, que fuiste
bandolero y que supiste
de la fuga por los montes
hacia aquellos horizontes
donde nadie sabe dónde
un tibio rincón se esconde
para el hombre como el ave
sediento de libertad.
Y quién sabe
si fue mentira o verdad.
Yo te he visto Capitán
en el frente cordobés;
del Batallón de Garcés.
Valiente, serio, callado,
gran soldado
sobre tu caballo alzado,
-¡que buena estampa tenías!-
tu mirada como el cielo,
desperezando su vuelo
sobre lentas lejanías…
Y ahora irás por las veredas
y entre breñas y jarales
– no por blandas alamedas
ni por caminos realesa
la muerte…. Buen viaje.
Tu pistola sin reposo
y tu caballo nervioso
serán tu solo equipaje.
Y tu silencio y tu afán
desolados….
Capitán
de bandidos y soldados.
¡Y a mi qué
si yo siempre te veré
con la muerte terca enfrente
y tu mirada inocente
mirándola fijamente!
¡Ay Ximeno, Capitán
del Batallón de Garcés;
Capitán
de la cabeza a los pies!

Pedro Garfias. Héroes del Sur. 1938

Biografía descargada de www.todoslosnombres.org

El héroe que inquietó a Queipo de LLano e inspiró a Pedro Garfias

Juan José Bernete Aguayo nació en un chozo, buscó la libertad propia entre los tamujares de La Campiña, murió por defender la de todos y fue enterrado con honores de comandante.

En la aldea de Silillos aflora entre la cal de sus calles en siesta una placa de tonos azules y un nombre: el Bramadero. Indica el camino hacia una finca antaño salpicada de chozos como el resto de aquella población en 1912. En ese año de hambre y miseria nació un 23 de noviembre Juan José Bernete Aguayo, Capitán Chimeno, cuya historia perdura en la memoria de los colonos y en la obra de su sobrina, María José Bernete Navarro, biógrafa y autora del magnífico documental Capitán Chimeno, Héroe del Sur, la recomposición de su vida desde quienes le conocieron y lo reseñan en la memoria de la Asociación de Mayores El Tamujar.

Hijo del jornalero Antonio y de Dolores, creció junto a sus hermanos Ramón, Manuel, Antonio, Francisco y Juan Ángel echando mano desde los primeros años a las peonás que reportaban el sustento diario. Con 14 años perdió a su madre y, poco después, a los dos hermanos chicos. No fue a la escuela, pero supo alimentarse de los escasos periódicos que caían en sus manos, según el testimonio de su primo Manuel Bernete porque “esa gente es toa mú lista”.

Tirador y jinete excepcional, se “echó al monte” con apenas 21 años, hasta que una batida de la Guardia Civil lo conduce a un reformatorio de Alcalá de Henares. Allí estuvo 3 años y coincidió con otros anarquistas, descubre su esencia ideológica, aprende a leer y a escribir y crea un himno para su gente: “Obreros que estáis trabajando en el Bramadero como un animal…”.

Con las elecciones del 36 y el triunfo del Frente Popular salió amnistiado y se dedicó a propugnar la unidad obrera, la “poesía para el pueblo”, la literatura adoctrinante, de trincheras… Y vino contando a la aldea que hubo un padre, cinco hijos y un dragón; que este último pidió engullir al primero para salvar al resto, y luego devoró al segundo, al tercero y al cuarto, hasta que concluyó: “Si hubiéramos arremetido todos contra él, nos hubiéramos salvado”.

El 18 de julio de 1936 le sorprendió echando peonás de segador en Marinaleda. Al enterarse del golpe de Estado, corrió primero a Écija y luego a su pueblo, que como tantas aldeas aisladas, estaba ajeno a lo que sucedía. Pronto llegó a reunir a unos 60 hombres y con ellos defendió la República en sitios como Almodóvar o Guadalcázar.

Convertido ya en presidente del Comité de Guerra protagoniza la toma del cuartel de Fuente Palmera en la noche del 23 al 24 de julio del 36 tras tomar una clara determinación: “Si a las 12 de la noche no está abierto, se toma el cuartel”.

Con rústicas bombas de mano lo lograron. Chimeno fue el primero en entrar. El brigada José Cintas se postró pidiendo clemencia y Juan José le respondió: “Levántese, que un hombre no tiene que arrodillarse ante otro hombre”. Esta versión enlaza con la de Francisco Moreno al decir que resultó herido el hijo del mando, Antonio, al que trasladaron a Palma del Río, junto a cuatro números. Pero las noticias de la masacre franquista en algunos pueblos limítrofes y el bombardeo sobre la población palmeña a mediados de agosto, los convirtió en víctimas de la represalia republicana. Sólo se salvaron un sacerdote, muy querido, dice Díaz Balmón, el hijo del último alcalde republicano de Fuente Palmera “porque hay curas de nacimiento y de estudios; con los primeros no se metió nadie”. El brigada asesinó luego al religioso argumentando que, cuando los rojos no lo habían hecho, debía ser de ellos. Fue también el enemigo más acérrimo de Chimeno y acabó muerto a manos de un legionario, hermano de una joven a la que había fusilado junto a sus padres.

Juan Guisado, que se unió a él con 19 años, asegura que “él no mataba a nadie”; aunque era tan buen tirador que llegó a esculpir con disparos en el puente de hierro de Villafranca: “Quien quiera tomar café que venga (¿?) que aquí lo espera Chimeno con dos pistolas en mano”. Abatió a un toro suelto en la sierra de un solo tiro y repartió la carne entre la hilera de caminantes que huían hacia ningún lugar concreto.

Era tiempo de huídas por entre pueblos fantasmas. De Posadas a Villaviciosa, Cardeña, Fuencaliente, Villanueva de Córdoba o Montoro. Eran los meses finales de 1936. Chimeno, el anarquista, aparece incorporado al Batallón Garcés, comunista, y tiene el grado de capitán en la segunda compañía, encuadrado en la 73 Brigada Mixta.

“Yo te he visto, Capitán,/ en el frente cordobés;/ Capitán del Batallón de Garcés./Valiente, serio, callado, / gran soldado sobre tu caballo alzado…”, diría Garfias.

En Villafranca encontró a Dolores Ortiz, su Lolilla. Tenía 16 años y él 24. Se casaron el 15 ó 16 de enero del 37 en Villanueva. Ocho meses más tarde alguien le retó en el frente del Terrible a romper una alambrada del cerro de Mulva, junto a un nido de ametralladoras. El tanque que debía cubrirlo se apartó. Su comisario y un camillero cayeron también al intentar rescatarlo, y toda la Compañía recuperó el cuerpo a quien Queipo había puesto precio.

Nadie dudó de la traición.

El 19 de septiembre de 1937, sacaron de su bolsillo un gorrito rosa para la hija que esperaba. Alrededor de las 11 de la noche, un entierro multitudinario despidió en Villanueva al ya comandante.

A finales de los años 40 los restos de aquel hombre “de azul acero templado,/ tan inocente/ bajo la paz de la frente” fueron sacados de su tumba y arrojados a una fosa común.