Maria Bruguera Pérez (1915-1992)

María Bruguera Pérez (Vida y obra)

MARÍA BRUGUERA PÉREZ

Maria Bruguera Pérez (1915-1992). Nació el 6 de noviembre de 1915 en Jerez de los Caballeros, Badajoz, Extremadura, (España)  y murió el 26 de diciembre de 1992 en Madrid, Madrid,(España).

Hay casos, como el de María Bruguera que, pese a su condición de víctima del franquismo, está plenamente justificado empezar una breve reseña de su vida por su última etapa.

Su trayectoria vital nos ha llegado a nuestro presente más reciente con toda la capacidad y energía de lo que ha sido siempre: una luchadora infatigable hasta su último aliento.

Hablaremos de sus orígenes y de su desarrollo, pero tratándose de María es justo iniciar esta semblanza por su condición de mujer militante libertaria.

Aunque afiliada al sindicato (CNT y posteriormente CGT), hay que destacar su compromiso activo en el ámbito del feminismo desde la perspectiva libertaria.

En los años 80, después de interesar a un grupo de mujeres jóvenes sobre el ideal libertario, está entre las fundadoras de un colectivo cuya plataforma de expresión es Mujeres Libertarias, cuyo primer número aparece en Madrid en 1986. Ella es el alma de esta iniciativa y despliega una actividad constante, desde aportar ideas y buscar recursos hasta elaborar y difundir esta sobresaliente revista. Quizás con este proyecto, más que con ningún otro, podamos identificar a María de forma inconfundible. Pero María tiene mucha historia, y también mucha tragedia que en absoluto pudo mermar su dedicación y esfuerzo generoso en favor de las ideas libertarias.

Nació María en Jerez de los Caballeros en una familia de hondas convicciones libertarias. Su padre entró en contacto con los medios ácratas siendo aprendiz en la industria corchera, en Sevilla, y aunque en Jerez predominaban las ideas socialistas, este sector acabó siendo afín al anarcosindicalismo.

Hasta entonces Jerez vivió más la experiencia societaria, con gran interés por la cultura y adquiriendo sus miembros conocimientos de forma autodidacta. Ella misma apenas pudo ir a la escuela porque debía ayudar a su madre en una pequeña tienda de comestibles, y siempre fue su obsesión: en sus últimos años participó en la Universidad Popular.

En este ambiente creció María y cuando se creó en su pueblo Juventudes Libertarias (1932), María fue una de sus principales impulsoras, junto a su hermano Antonio y el que sería su compañero y padre de su hijo, Francisco Torrado.

Una de las actividades más apreciadas por María era el grupo artístico Ni Dios Ni Amo, con el cual llevó a muchos pueblos de la comarca obras sociales que tenían gran aceptación.

Cuando el golpe del 36 María tenía 21 años y estaba embarazada de su hijo Antonio. A partir de este momento vive junto a los suyos las circunstancias más dramáticas. Su padre y su hermano participaron en el Comité de Defensa de Jerez, cuya actuación siguió la pauta general de los pueblos que resistieron un tiempo la sublevación: detuvieron a los miembros derechistas (en un número elevado, 137) para evitar su participación en la trama golpista, sin que llegaran a matar a ninguno jerezano; aunque sí hubo en Jerez ocho muertos derechistas pertenecientes a otros pueblos y sin que pueda documentarse cómo ni quién participó.

Sí es bien conocida que, tras la toma de Jerez el 18 de septiembre, en sus calles “se cogieron 60 muertos” (referencias tomadas de Espinosa Maestre, La columna de la muerte, Critica 2003).

La familia en un primer momento tuvo suerte y pudieron escapar de la masacre, por una parte el padre alcanza territorio republicano junto con centenares de personas que van huyendo de los distintos pueblos que caen a medida que la “columna de la muerte” despliega toda su fuerza camino de Badajoz.

Por otra parte, la familia trata de pasar la frontera pero en esas fechas ya no es posible el paso, saturadas de gente procedentes de Huelva y Badajoz, muchos de los cuales acaban internadas en el campo de concentración de Coitadinha junto a Noudar, o en el de Modedinha. Portugal era peligroso porque estuvo siempre al servicio de los intereses franquistas.

La familia Berenguer tuvo que retroceder y se encontró sitiada entre la frontera y un territorio ya ocupado por las fuerzas franquistas. Encontraron refugio en una parcela perteneciente a la familia de su compañero, Francisco Torrado, y precisamente allí dio a luz a su hijo ayudada por su madre, Elisa Pérez. Pero en una batida de los fascistas descubrieron el refugio y allí mismo asesinaron, entre otras personas a su madre y a su compañero. A ella le perdonaron la vida y fue conducida, junto a su hijo Floreal, primero a Jerez donde estuvo internada ocho días, y después a la cárcel de Badajoz donde pasó un año.

Pasado el periodo de lactancia, unos nueve meses, le obligan a separarse de su hijo que queda al cuidado de sus abuelos paternos. A partir de entonces el nacionalcatolicismo les obliga a cambiarle su nombre porque no pertenece al santoral, y desde entonces se llamará Francisco. Esta separación será un nuevo mazazo para María.

Allí fue juzgada y condenada a pena de muerte, aunque le fue conmutada por 30 años de reclusión. Desde entonces pasó por varias cárceles o asimiladas, como el convento de la Madres Oblatas de Badajoz donde pudo perfeccionar las labores de bordado que a la larga le supuso salir adelante en la vida, aunque se permitió rechazar en esta ocasión trabajar para las monjas por una miseria.

En la cárcel supo que su padre, detenido junto a ella, fue asesinado en Badajoz el 17 de noviembre de 1939, otro duro golpe.

Pasó por los penales de Salamanca, Valladolid, Saturrarán y Santander, hasta que solicitó y le fue concedido el traslado a Madrid para poder trabajar en el taller de bordados y costura que estaba mejor retribuido. No sólo le ayudó este trabajo, también estar en contacto con las compañeras de Mujeres Libres, que estaban organizadas en el interior de la cárcel, y que le permitió afianzarse en sus ideales.

Después de ocho años y un mes encarcelada, obtuvo la libertad en 1946. Con el coraje y las energías que le caracterizaban, María rehizo su vida en Madrid. Recuperó a su hijo, y junto a su hermano Antonio, que salió libre un poco antes, pudieron alquilar un piso y salir adelante.

También su vida afectiva conoció nuevas dichas al unirse a Aureliano Lobo, militante de la CNT, formando un hogar que conoció en todo momento la felicidad familiar. Y se incorporó con nuevas energías a la lucha clandestina en el Comité de Mujeres Libres junto a las hermanas Lobo y María Carrión a las que conoció en la cárcel, y también secundando las actividades de la CNT.

Como ya se dijo al inicio, tras la muerte de Franco, a María se le reconoce fácilmente, y con nuevos ímpetus, por su activismo en los medios libertarios y feministas madrileños. Su paso por las cárceles y todas las tragedias vividas no mermaron sus ansias de lucha, de reivindicar la libertad de la mujer.

María Bruguera Pérez murió el 26 de diciembre de 1992 en Madrid, Madrid,(España) y el lunes 28 de diciembre de 1992 María fue incinerada en el cementerio de La Almudena de Madrid, acompañada de sus familiares, compañeras y compañeros que le ofrecieron un emotivo acto como reconocimiento a una vida de lucha y entrega generosa hacia los demás.

 

María Bruguera Pérez

María Bruguera Pérez nació el 6 de noviembre de 1915 en Jerez de los Caballeros (Badajoz). Asistió a la escuela hasta los nueve años, aprendió a bordar con su madre y militó en las JJLL desde su fundación en 1932 así como en su grupo artístico Ni Dios Ni Amo.

Maria Bruguera, Hija y hermana de anarquistas.

Siempre abnegada militante: detenida con varios familiares en 1937, fusilaron a su madre (Elisa Pérez Moreno) y compañero (Francisco Torrado Navarro) y se salvó por estar embarazada; condenada en Badajoz a reclusión perpetua, sufrió las cárceles de Badajoz, Salamanca, Valladolid, Santurrarán, Santander y Madrid.

Liberada en diciembre de 1945, se unió a Aureliano Lobo y se incorporó a la lucha clandestina en el comité de Mujeres Libres (con las hermanas Lobo y Carmen Carrión) y en coordinación con el Comité Regional cenetista del Centro.

Con un ímpetu renovado, tras la muerte de Franco, reconstruyó Mujeres Libres de Madrid y militó en el gremio sanitario de CNT.

Rota CNT, se alineó con los escindidos y fue una de las creadoras de la revista “Mujeres Libertarias”.

Murió en Madrid el 26 de diciembre de 1992.

Esbozo de una enciclopedia histórica del anarquismo español -Miguel Íñiguez

¿Quién era María?

¿Quién era María?, María era mi madre, pero además María era una persona especial, poseía algo que la distinguía, algo heredado o adquirido, aunque yo pienso que nació con ella. Algo que la sobrevive y que todos aquellos que la conocieron y trataron saben o intuyen. María nació con un fuego interior que condujo toda su existencia, que la hizo muy feliz y que la produjo, al tiempo, grandes sufrimientos, pero que nunca la abandonó, ni aún en los últimos días marcados por la enfermedad de la que ella, a veces, intuía su gravedad, aunque no la afectaba en cuanto a su comportamiento o su vitalidad.

Su padre era un anarquista practicante, y puede que también su abuelo lo fuera, y por ello, María fue engendrada ya anarquista. Su niñez fue dura, al ser la primogénita y tener que ayudar en las tareas de la casa y atendiendo el pequeño negocio de alimentación. Por tal causa, su asistencia a la escuela apenas si existió. Este hecho constituyó siempre su asignatura pendiente: no haber podido aprender sino lo más elemental. De ahí sus esfuerzos y su voluntad por querer recuperar y aprender todo lo posible en sus últimos años cuando únicamente dispuso de tiempo suficiente para poder hacerlo. A pesar de haber vivido 77 años, la vida para María resultó muy breve. Su vitalidad y su ansia por aprender pedían mucho más.

Despedida de Sara Berenguer en la revista Mujeres Libertarias
La dureza de sus primeros años, el contacto diario con la miseria de toda la pobre gente con la que diariamente trataba atendiendo el pequeño negocio familiar, debieron producir en ella, ya de por sí predispuesta, un ansia de lucha social para tratar de abolir tanta miseria y tanta injusticia como veía a su alrededor. Y así se formó la verdadera María. Su adolescencia la vivió intensamente y transcurrió entre lecturas anarquistas y su devoción al teatro, a todo lo que estaba relacionado con la lucha obrera y su sufrimiento, o su esfuerzo por redimirse. Todo ello caló profundamente en su ser y la impregnó de forma apasionada, influyendo definitivamente en el resto de su existencia.

Después, la Guerra Civil la golpeó muy duramente, perdiendo a gran parte de sus seres más queridos de forma violenta y brutal, siendo apartada de su hijo que contaba sólo unos meses y sufriendo una larga y dolorosa prisión.

Pero su destino era el de los luchadores y al salir de la cárcel la esperaba, como a tantos otros, una dura supervivencia.

La enfrentó de una manera ejemplar y tras varios años de difícil lucha rehizo su vida familiar, con un nuevo compañero, y en los duros años de la Dictadura, aunque dedicada casi exclusivamente a sobrevivir, no perdió nunca su fe en las ideas libertarias.

Sus últimos años, ya en soledad, los aprovechó plenamente y dedicó su tiempo para intentar recuperar algo que siempre la había obsesionado: no poseer una mayor cultura. Acudió a clases para la tercera edad, viajó todo lo que pudo, manteniendo múltiples contactos con personas afines, hizo nuevas y variadas amistades (algunas de ellas no precisamente anarquistas), y repartió cariño y amistad en todo su entorno, y también voluntad de lucha, como lo pone de manifiesto su tozudez para que la revista Mujeres Libertarias siguiera adelante y no desapareciera.

Por todo ello, Maria caló muy hondo en todos aquellos que la conocieron y la trataron. Por eso, aunque haya desaparecido físicamente, María no ha muerto. Estoy seguro de que sigue viva en todos aquellos que conservamos su recuerdo latente. María seguirá existiendo mientras la sigamos recordando. Yo no la olvidaré, ni como madre ni como amiga.

Por Francisco Torrado Bruguera A María dentro del monográfico dedicado a María Bruguera, en el número 14 de la revista Mujeres Libertarias de Madrid, 1993.