Carlos Molina (1927-1998)

Carlos Molina (payador anarquista) (Vida y obra)

Carlos Molina en su juventud.
Carlos Molina en su juventud.

Carlos Molina (1927-1998)  nació  el 11 de setiembre de 1927 en Melo, departamento de Cerro Largo, Montevideo, (Uruguay) y murió el 30 de agosto de 1998 en Montevideo, (Uruguay).

Fue un  poeta y payador uruguayo, considerado el más importante artista de este género en la región del Río de la Plata de la segunda mitad del siglo XX.1

Fue muy reconocido por su ideología anarquista.

Nació en una humilde vivienda de la ciudad de Melo (Cerro Largo), ubicada en las actuales calles «Luis lbAerto de Herrera» y «Agustín Muñoz».2

Junto al también payador Juan Carlos Bares emprende una gira que lo lleva a Soriano, y acuciados por penurias económicas, se trasladan a Mercedes. Bares recuerda esta gira de esta forma:3

Lo único que teníamos eran las guitarras, hambre y un cansancio de siglos. Recorrimos a pie los largos kilómetros que separaban una ciudad de otra. Cuando cayó en nuestras manos un poco de dinero, Molina compró queso y longaniza, que para nosotros y en el estado en que nos hallábamos era todo un manjar. Yo adquirí un par de alpargatas, porque las que tenía no resistían ninguna nueva caminata.

En Mercedes actuaron en un bar llamado «El barquito» y posteriormente en la estancia «La alegría». Luego de dar por terminada la gira, Bares decidió proseguir hacia Paysandú mientras que Molina emprendió el viaje de regreso a Montevideo.

En 1956 resultó ganador del Primer Certamen Internacional de Payadores.

Carlos Molina (centro), junbto a Juan Carlos Bares (derecha) y Roberto Bonacina (izquierda).

Protagonizó un tristemente célebre duelo con el payador uruguayo Héctor Umpierrez, que se inició sobre el escenario y continuó con un duelo a facón limpio, del cual Umpierrez resultó mal herido al borde de la muerte.4 Esta desavenencia probablemente haya estado motivada por el abismo que separaba a Molina, de ideología anarquista, de Umpierrez quien años más tarde cantaría para dictadores como Augusto Pinochet, Gregorio Álvarez o Alfredo Stroessner.5

Apoyó muchas veces desde su arte distintas huelgas de trabajadores de empresas como Funsa o en la industria frigorífica.6

En 1967 fue detenido en Argentina en medio de un concierto por cantarle al Ché Guevara y recluido en Bahía Blanca. Este hecho motivó que el poeta Juan Gelman le dedicara esas líneas:7

Soy de un país donde hace poco Carlos Molina Uruguayo, anarquista y payador Fue detenido(…) Molina contaba como siempre bellezas y dolores cuando de pronto el Ché empezó a vivir a morir en su guitarra y así la policía lo detuvo…

«Pensamientos», Juan Gelmán. Octubre de 1967.

En 1989 protagonizó junto a la artista argentina Marta Suint, en Sídney (Australia), la que se considera la «Primera payada del otro lado del mundo».8

  Carlos Molina murió el 30 de agosto de 1998 en Montevideo, (Uruguay).

Discografía

  • Coplas del nuevo tiempo (América Hoy LOF 014)
  • El payador rebelde (Pincén, Argentina)
  • El arte del payador vol. 1 (junto a Gabino Sosa Benítez. Ayuí / Tacuabé a/e37. 1982)
  • De muy adentro (Ayuí / Tacuabé a/m25k. 1983)
  • Roja y negra la ternura (edición no comercial, Australia)
  • El gallo y el alba (Ayuí / Tacuabé a/e152k. 1996)
  • El canto del payador (Ayuí / Tacuabé ae222cd)

Libros

  • Cantándole al pueblo: cantos libertarios. Segunda parte: Poemas rurales (Ed. Editorial Cisplatina.1956)
  • Trovero del pueblo (Ed. Agripacion Libertaria Cerrito-Porvenir. 1957)
  • Tierra libre (Ed.Artes Gráficas. 1958)
  • Rebeldías del camino (Ed. Lucha Libertaria, 1961)
  • Yunques rojos (Ed. Librería Blundi. 1963)
  • Coplas del nuevo tiempo (Ed. Editorial Sandino. 1970)
  • Grillos y terrones (Ed. Carlos Molina. 1980)
  • El hombre y la copla (Ed. Ediciones Recortes. 1995)
  • Yunta y surco: versos criollos (junto a Aramís Arellano. Ed. Editorial Cisplatina de Chile)

Referencias

Enlaces externos

Otra biografía

Carlos Molina – poeta y payador anarquista

El 11 de septiembre de 1927 nace en Melo (Cerro Largo, Uruguay) el poeta y payador anarquista Carlos Molina, conocido como el Bardo de Tacuarí, pero también como Gaucho Molina y Payador Libertario.

Era hijo de una familia muy humilde y sus padres se llamaban Juan Molina, zapatero, y Universina Coitiño, fontaneros; tuvo varios hermanos, entre ellos Efraín Molina, también payador.

Desde muy joven trabajó en diferentes oficios, haciendo de campesino a fincas, recolectando maíz en Minas (Lavalleja, Uruguay), trabajando de peón cerca de la costa del río Tacuarí -de su malnom-, adiestrando caballos, etc, y siempre, en los momentos libres, tocando la guitarra y cantando canciones. Cuando tenía 15 años viajó a Montevideo y conoció el payador Evaristo Barrios y con él debutó en la radio. Se casó con Alba Aurora (La China), hermana del payador Aramís Arellano, con quien tenga un hijo, Efraín Carlos.

Con el payador Juan Carlos Barras emprendió una gira artística por cafés, bares y centros libertarios por el departamento uruguayo de Soriano y, debido a las penurias económicas, se trasladaron a Mercedes, Soriano, (Uruguay). En esta ciudad actuaron en el bar «El Barquito» y más tarde en el predio «La Alegría». Una vez decidieron terminar la gira, Bares prosiguió hasta el departamento de Paysandú y él regresó a Montevideo.

En 1955 participó en la I Cruzada Gaúcha en Montevideo, junto con otros cantautores y el espectáculo viajó por el interior del Uruguay. 1956 ganó el I Certamen Internacional de payadores y ese mismo año protagonizó el tristemente célebre duelo con el payador Héctor Umpierrez, que comenzó sobre el escenario y terminó con un duelo a puñal, y en el que Umpierrez resultó muy mal herido con 32 puñaladas y al bordo de la muerte; la desavenencia entre ambos cantautores arrancaba de cuestiones políticas, Molina, anarquista, y Umpierrez, diestro y que años más tarde habría de cantar para dictadores como Augusto Pinochet, Gregorio Álvarez o Alfredo Stroessner.

Autor e intérprete de numerosas canciones sociales y revolucionarias, con su arte, apoyó numerosas huelgas obreras (Funso, industria frigorífica, etc) y luchas sociales. En muchas canciones evocó la memoria de compañeros asesinados o que sufrieron represalias durante la dictadura, como León Duarte, Gerardo Gatti, Gaucho Idilio, Alfredo Zitarrosa, etc

En 1967 fue detenido en Argentina en medio de un concierto tras cantar al Ché Guevara y recluido en Bahía Blanca (Buenos Aires, Argentina). Cuando se instituyó por ley nacional «El Día del Payador» el 24 de agosto de 1988, rechazó cantar en el Palacio de las Leyes de Montevideo ante los integrantes del Parlamento uruguayo argumentando que no podía actuar cara a cara “de los que habían condenado el pueblo a la mentira eterna “del parlamentarismo.

En 1989, con Marta SUINTA, protagonizó la “Primera payada del otro lado del mundo», que se celebró en Sydney (Nueva Gales del Sur, Australia).

Durante una gira por Europa durante los años noventa, realizó numerosos conciertos en España y en Francia, muchos de ellos en los locales de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y en los que muchas veces le acompañó el cantautor Daniel Viglietti.

Entre sus discos podemos citar Coplas del nuevo tiempo, El payador rebelde, El arte del payador (1982, con Gabino Sosa Benítez), De muy adentro, Roja y negra la ternura, El gallo y el alba (1996) y El canto del payador. Es autor de los libros Cantándole al pueblo. Cantos libertarios (1956), Trovero del pueblo (1957), Tierra libre (1958), Rebeldías del camino (1961), Yunques rojos (1963), Coplas del nuevo tiempo (1970), Grillos y terrones (1980), El hombre y la copla (1995) y yuntas y Surco. Versos criollos (sd, con Aramís Arellano).

Carlos Molina murió el 30 de agosto de 1998 en Montevideo (Uruguay) y sus restos mortales fueron trasladados el 24 de agosto de 2003 en su pueblo natal de Melo y enterrados, con un homenaje oficial, en el cementerio de la localidad.

 

Carlos Molina, payador anarquista

 

Carlos Molina – Juventud (1967) Payador Libertario

Hay una juventud que es la que impulsa
Hay una juventud que es la que avanza
Hay una juventud que evoluciona
Y hay otra juventud que retrograda.

Hay una juventud envejecida
Bordeando los abismos de la infamia
Con veinte años en el cuerpo joven,
Y más de un siglo que le encorva el alma.

La juventud antípoda del hombre
Es esa juventud esclavizada
Gran forja del deber en la gran hora
Que América irredenta la reclama.

La juventud que es tal no se arrodilla
La juventud no sabe estar postrada
Y no hay fuerza más fuerte que la suya
Que es tanto el ideal de una gran causa.

La juventud, es vida y es belleza,
Es espíritu, luz, sangre, esperanza,
Que ha roto los fetiches milenarios
Junto a los mitos de la creencia arcaica.

Jóvenes son aquellos que se van
Con un arco de triunfo en la mirada
Dándole espacio a sus mil horizontes
Y un incendio de soles en el alma.

La juventud, es vida y es belleza,
Es espíritu, luz, sangre, esperanza,
Que ha roto los fetiches milenarios
Junto a los mitos de la creencia arcaica.
Jóvenes son aquellos que llevan
Un arco de triunfo en la mirada
Todo el espacio azul, mil horizontes,
Y un incendio de soles en el alma.

No son jóvenes, no, los que claudican
No son jóvenes, no los que se arrastran
Juventud es rebelarse contra todo
Lo que limita la grandeza humana!

Dejemos los eunucos, los cobardes,
Lo mismo que una barca abandonada,
Hundida en sus escollos de ignominia,
Sin puerto, sin destino, en la borrasca.

Y volemos no más, como los cóndores.
Hacia el paisaje azul de la montaña
Ebrios de luz, de vida, y de idealismo,
Un paso más, y el triunfo nos aguarda!

Carlos Molina: payador anarquista. Entrevista al escritor Martín Palacio Gamboa.

18 Sep 2017

Por: Hemisferio Izquierdo

Para acercarnos a una semblanza del entrañable payador anarquista, entrevistamos al escritor Martín Palacio Gamboa*, autor del libro “El bardo de Tacuarí. Antología crítica de Carlos Molina (editorial Recortes, Montevideo, 2016).

Hemisferio Izquierdo: ¿Quién fue Carlos Molina? ¿Qué lugar ocupa en la historia cultural y la canción popular uruguaya?

Martín Palacio Gamboa: Carlos Molina, nacido el 11 de setiembre de 1927 en Melo, capital de Cerro Largo, y muerto el 30 de agosto de 1998 en Montevideo, ha sido considerado como uno de los grandes payadores del Río de la Plata. Incluso, entre los cultores del canto repentista de varios puntos del continente, no han dudado en considerarlo como el mejor en su género de la mitad del siglo pasado. Su importancia radica no sólo en el virtuosismo verbal conjugado a un inquebrantable compromiso ético-político, lo que lo llevó a afianzar la máxima hernandiana del “Martín Fierro” de un “cantar opinando” que en más de una ocasión le ha valido la cárcel y una serie de encontronazos con las manifestaciones más nazifascistas del poder. Su importancia también radica en haber colaborado -junto a sus coetáneos Aníbal Sampayo, Anselmo Grau, Víctor Lima y Osiris Castillos, por nombrar a los más conocidos- a una reformulación del cancionero popular uruguayo durante los años 50 así como a la promoción de las nuevas figuras durante los 60 que hoy ya son referentes míticos: Los Olimareños, Daniel Viglietti, Tabaré Etcheverry, Alfredo Zitarrosa, José Carbajal. La figura de Carlos Molina vertebra, de un modo muy original, una relectura de la tradición más combativa del canto criollo en medio del desarrollo de una industria cultural que supo ser un polarizado campo de batalla en tiempos de Guerra Fría.

Hemisferio Izquierdo: Existe una ligazón entre la condición de paisano, la raíz gaucha libertaria, y una cierta posición libertaria ante la vida. Ahora bien, de allí no necesariamente se deviene doctrinaria y políticamente anarquista ¿Cómo se da la ligazón de Molina con el anarquismo?

Martín Palacio Gamboa: Sobre lo primero no sería tan taxativo. Para empezar, diferenciemos “gaucho” de “paisano”. El gaucho es el resultado de un período que abarca parte del siglo XVIII y casi la totalidad del siglo XIX. El gaucho, en tanto individuo, enfrenta solo o con iguales el desafío de dominar a los animales y con ellos a la naturaleza en un territorio de límites y fronteras imprecisos, casi ajena a cualquier poder institucional. En el mundo de las vaquerías, está puesto en un orden social premoderno y precapitalista. La modernidad, vista como imposición de nuevas formas de actuar, de nuevas relaciones sociales, de trabajo y de producción, y de un nuevo orden político y psicosocial no está presente en el modo de vida protoanárquico del gaucho.

De hecho, le quedan dos opciones según la lógica sarmientina que tanto pregnó el pensamiento de los doctores principistas en Uruguay: el exterminio o la adaptación. El gaucho que se adaptó es el paisano. El paisano, como sucesor del gaucho, es la figura que simboliza las dificultades y los conflictos de la modernización. Relativiza el “atraso” de la población rural, problematiza el estatus periférico de un país en el cual la modernización no ha ocurrido en muchos aspectos, o ha ocurrido de forma incompleta. La cuestión es que para que se sienta asimilado a esa modernización tan precaria, se lo ha tenido que domesticar, extirpar de su idiosincrasia la rebelión y su desdén hacia la institucionalización de la ley y la justicia. Tuvo que aceptar el desdibujamiento de su condición de sujeto de derecho, como si fuera un castigo histórico. Y entre tanto desdibujamiento y disciplinamiento, se lo transformó en un obsecuente servidor de un sistema muy parecido al feudal. Si el gaucho encarnaba la revolución, el paisano encarna el conservadurismo en defensa de un status quo que lo oprime. Claro que siempre están las excepciones: Telmo Batalla y Carlos Molina son buenos ejemplos de un cantar que recupera, cada cual a su modo, un sentir libertario por parte del sector rural.

Sí estoy de acuerdo en que no toda posición libertaria deviene en una adhesión al anarquismo. Pensemos en el caso de Serafín J. García, autor del durísimo Tacuruses, quien al decir de Alberto Zum Felde fue “el primero que, en el paisano pintoresco, ha visto al proletario; y en el campo el escenario de un drama revolucionario”. Sin embargo, pocos recuerdan que cuando escribió ese poemario tan peculiar era funcionario policial y del Partido Colorado. Ya el caso de Molina va por otra vía. Su vínculo con el anarquismo surge, en primera instancia, con su propia condición de ser un “rebelde”, y esa condición natural en él bastó para que en su pago se le hiciera evidente la injusticia reinante y brutal sobre la vida del paisanaje.

Pero es cuando, ya a punto de instalarse en Montevideo, lee un ejemplar del periódico “Voluntad” que se editaba en el local del viejo Sindicato de Resistencia de Panaderos, en la calle Arequita, por el barrio del Cerro, que se dijo a sí mismo: “estos son de los míos”. Danilo Díaz, militante y colaborador de “Voluntad”, cuenta por su parte que un día de 1951 alguien golpea las manos y se encuentra “cual si fuera una aparición, una persona casi toda vestida de blanco, de poncho cruzado en el hombro y de botas. Le pregunto qué desea y me responde: vengo porque quiero hacerme anarquista”. A partir de allí, lo ya sabido: su militancia de toda la vida, su participación activa en la fundación de la Federación Anarquista del Uruguay junto a Juan Carlos Mechoso, Luce Fabbri, Gerardo Gatti, etc.
 

Hemisferio Izquierdo: Es conocida la historia del enfrentamiento de Carlos Molina con Héctor Umpiérrez (payador de derecha), que empezó con contrapunto de guitarras y terminó en duelo de facones. ¿Cómo era la relación de Molina con sus colegas payadores?

Martín Palacio Gamboa: Mayormente era buena, tenía una relación muy cordial con sus colegas de oficio. Claro que cuando había que medirse con el otro, desplegaba con maestría todo el arsenal verbal propio del cantar de contrapunto. Su capacidad de ironía, su contundencia conceptual, así como su ductilidad en las más diversas métricas del canto criollo, podían llegar a desarmar a más de uno. El caso Umpiérrez fue una situación extrema: eran dos visiones antitéticas de la función del canto y de las opciones a tomar que demandaba el momento histórico que derivaron en una agresión creciente hasta llegar a lo que se llegó. De todos modos, allí se reflejó la pugna que siempre estuvo presente en el canto popular: una vertiente reaccionaria y una vertiente combativa. Ambas se sostienen sobre la primacía de lo político en cuanto espacio confrontativo entre proyectos históricos o identidades sociales y culturales que se manifiestan como voluntades colectivas. O sea, lo político refleja la condensación de las distintas instancias del poder social a la vez que acuerda en otorgar o no a las clases populares un papel protagónico y activo. La relectura de la payada que realiza Molina, claro está, se diferencia de aquellas tradiciones que consideran a estas clases como “enajenadas” o desprovistas de conciencia. Por eso es que él se puso a crear un repertorio que diese cuerpo a esa reconfiguración de todo un imaginario colectivo, al tiempo que se posiciona como portavoz de un acervo musical situado en los márgenes de los rancheríos del interior así como portador de un devenir histórico y social.

Hemsiferio Izquierdo: Daniel Viglietti, entre otros, ha destacado la condición solidaria y antisectaria de Carlos Molina. ¿Cómo era la relación de Molina con las otras izquierdas uruguayas?

Martín Palacio Gamboa: Dialogante. Pensemos que estamos hablando de una época en que la revolución estaba a la orden del día, se creía que la misma era inminente y necesaria. Pese a que los vínculos entre el anarquismo y la izquierda de inspiración marxista llegan a ser algo tensas y ásperas (no faltan poemas y canciones en las que Molina tematiza esos desencuentros ideológicos: “Utopía y realidad”, “Socialista… entre comillas” “Aprendamos a ser libres”), la revolución los vuelve partícipes unidos de un ritual de “transubstanciación”; de la historia hacia “lo constantemente y siempre más nuevo”. Si bien la posición de Molina era bastante clara, Viglietti nos trae a colación su falta de sectarismo cuando el Gaucho le canta los ocho fusilados comunistas, tras ese crimen, en abril de 1972. Pero también a Zitarrosa, cuando éste regresa al país y aún pesaba la censura, así como al Che Guevara y al Bebe Sendic cuando pronunciar sus nombres era condenarse de por vida al anatema inquisitorial. Pensemos, como detalle bibliográfico, que la Revolución Cubana encuentra en Molina su primer poeta en tierra uruguaya. En el libro que sacó conjuntamente con el payador Martín Castro, Hachando los alambrados (Editorial Cisplatina, 1959, Montevideo), se encuentra “La canción de los libres”, toda una declaración de bienvenida a ese acontecimiento histórico cuando casi toda la intelectualidad izquierdista de la época se preguntaba si era pertinente tomar lo de Cuba como algo significativo ya que no se correspondía con los pasos previos de lo que tenía que ser una revolución.

Hemisferio Izquierdo: En una nota que publicaste en el Semanario Brecha, hablás de la “cruda actualidad”; del anarquismo de Molina ante el actual resurgimiento de los totalitarismos en el mundo. Tu apreciación bien podría entenderse como alusión a una vigencia doctrinaria o política del anarquismo en general. ¿Podrías desarrollar esa idea?

Martín Palacio Gamboa: Reiteraré aquí lo que le respondía al narrador y periodista Martín Bentancor. Hace poco terminé de dar el Martín Fierro en el liceo. Pensemos que es un texto que se editó en 1872. Los gurises se percataban de que allí había algo más que la recreación de un gaucho perseguido: se daban cuenta, a su modo, de que allí había, hay, una cosmovisión y una actitud frente a la otredad. El gaucho era el gran otro, el contraespejo de una sociedad colonizada que buscaba mirarse desde y bajo la perspectiva de las grandes potencias. El gaucho era lo inasimilable, la encarnación de un algo latente o de un orden alternativo que escapaba al código de una ley que insistía e insistirá siempre en presentarse como justicia. Pero desde Pablo de Tarso hasta Maquiavelo, desde Tomás Moro a Bartolomé Hidalgo, desde Serafín J. García a Derrida, se sabe que pocas veces la ley es justa y que lo que es justo pocas veces entra en lo legal.

Molina, desde su propia experiencia vital, desde su condición paisana sumida en la más extrema pobreza, lo supo a la perfección y se dedicó a reconstruir la víscera levantisca del gaucho desde el canto entendido como “arma de matar fascistas” en un medio completamente feudalizado como lo fue -me pregunto a veces si no seguirá siendo- la campaña nuestra. En esa recreación se encuentran las sombras de Hidalgo y José Hernández. Pero también de Bakunin y Malatesta: una mezcla explosiva. Leerlo hoy frente al resurgimiento de los movimientos totalitarios es un recordatorio de viejas deudas pendientes que saldar. De allí la cruda actualidad de Molina.

Ahora bien, dije que el gaucho era el gran otro, el inasimilable del orden burgués. Hoy bien podría ser el ñeri, el plancha, esas nuevas categorizaciones del desclasado. No hay idealización clasemediera en lo que afirmo, es la constatación de que hay mecanismos sociales que no se han desarmado. Y mis alumnos pertenecen, en su enorme mayoría, a esos sectores. No en vano celebraban el episodio de cuando Martín Fierro, junto a Cruz, se enfrentaba a la partida policial. Mientras siga habiendo perseguidos y marginalizados, la gauchesca nuestra seguirá viva. Y Molina seguirá siendo el primer punk que pisó en la Tierra.

Hemisferio Izquierdo: Si tuvieras que elegir un texto de Molina representativo de su anarquismo, ¿cuál sería?

Martín Palacio Gamboa: Elegiría “Pero… yo canto opinando”, del libro Coplas de un nuevo tiempo(editorial Sandino, 1970, Montevideo). Allí se resume sus convicciones estéticas que a su vez son ideológicas.
 

No vengo por jactanciarme
no soy mejor que ninguno,
yo soy solamente uno
que no quiero entropillarme;
disculpen si al presentarme
sin posturas de “dotor”,
opino sobre el valor
grande, profundo y sincero
del payador verdadero
y del falso payador.

Hay mozos divertidores,
dicharacheros, traviesos,
y algunos creen que son esos
verdaderos payadores.
Yo no les niego valores
mas les falta bizarría,
si no encrespan la poesía
como las piedras de un cerro
serán como dijo “Fierro”:
cantores de fantasía.

Muchos de nuestros hermanos,
hombres con la barba entera,
mueren en la cordillera,
en la selva, en los pantanos.
Es entonces mis paisanos
muy superior la ocasión
de hacer un canto varón
que el canto pa´divertir,
qué más le puedo decir:
pa´mi trai tufo a traición.

Cantar pa´entretenimiento,
cantar pa´hacer olvidar,
es decir, pa´no pensar,
es cantar sin fundamento.
El que pulse el “estrumento”
con él debe honrar la vida,
lanzar su trova sentida
pa´quien la quiera escuchar
ya que el asunto es largar
sin gastarse en la partida.

Bordar coplas con estrellas,
hacer chispear bicho e´luces,
no afirmar los “caracuses”,
hacerse a un lao de la huella,
juir en cuanto atropella
el ‘malón’ como un pampero
eso es chasquearse aparcero
o como elegir muy mal,
si es vistoso el pavo real
es más gaucho el teru tero.

Lo más lindo del paisaje,
aparcero, no se asombre
dejuramente es el hombre,
su esperanza y su coraje.
Quien algo el pampero ataje
sus coplas va emparejando,
y ahí quedan como pintando
“redotas”, triunfos y amores,
pa’ no ser solo cantores
que se divierten cantando.

* Martín Palacio Gamboa es escritor, cantautor y docente uruguayo. Entre otros textos, ha publicado: el poemario “Psikodalia” (2017, editorial Pixel, La Plata-Argentina); “El bardo de Tacuarí. Antología crítica de Carlos Molina” (2016, editorial Recortes, Montevideo); “Ectoplasmosis” (2016, Editorial Bestial Barracuda Babilónica, Rocha) y el poemario “Celebriedad del fauno” (204, Ediciones Yauguru, Montevideo).

 

 

Carlos Molina – Juventud (1967) Payador Libertario

 

Conversando con Carlos Molina (Payador Libertario)