Francesc Sabaté Llopart, (Quico Sabaté) (1915 - 1960)

Francesc Sabaté i Llopart “Quico” (Vida y obra)

Francesc Sabaté Llopart mas conocido como Quico Sabaté
Francesc Sabaté Llopart mas conocido como Quico Sabaté

Francesc Sabaté Llopart (1915-1960) nacio el 30 de marzo de 1915 en Hospitalet de Llobregat, Barcelona, Cataluña, (España)  y fue asesinado por la guardia civil el  5 de enero, 1960  en San Celoni, Vallés Oriental, Barcelona, Cataluña, (España)

Más conocido como Quico Sabaté o El Quico, fue un anarquista español. Máximo exponente de la guerrilla urbana antifranquista en Cataluña junto a Josep Lluís Facerías, implicado activamente en la resistencia en contra del régimen de Franco.

Hijo de Manel Sabaté Escoda y Madrona Llopart Batlle, a los 10 años Sabaté ya manifestaba su espíritu libre, no asistiendo a clase en una escuela clerical, por lo cual sus padres lo internaron.

Antes de los 17 se afilió al Sindicato de Oficios Varios de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y fundó el grupo de acción anarquista “Els Novells” (Los Novatos) en la Federación Anarquista Ibérica, (FAI) junto a sus hermanos y algunos amigos, como continuación del grupo Los Solidarios. El grupo se implicó en insurrecciones en contra del gobierno conservador de la Segunda República Española en 1933.

En 1935 Sabaté rechazó cumplir el servicio militar fiel a su ideología anarquista. También en este año, “Los Novatos” hacían su primer robo (expropiación) para financiar ayudas a presos represaliados por el régimen y sus familias. De oficio mecánico, trabajó en varias fábricas de la comarca barcelonesa del Bajo Llobregat junto a su hermano Josep Sabaté.

Durante la Guerra Civil Española Sabaté luchó en el frente de Aragón con “La Columna de los Aguiluchos” de la  FAI. Tras la recaída de Teruel en manos de las tropas sublevadas, tuvo un incidente con un comisario comunista que se negaba a facilitar armamento a las columnas anarquistas, y fue acusado de la muerte de este comisario. Desertó huyendo a Barcelona donde siguió combatiendo con la  CNTFAI. Finalmente Sabaté fue arrestado por los comunistas, pero con la ayuda de una mujer, él y algunos otros compañeros escaparon de prisión. Terminó la guerra en la 26ª División de la “Columna Durruti”.

Perdida la Guerra civil por el bando republicano, Sabaté pasó a Francia en 1939, donde fue confinado por las autoridades francesas, durante algún tiempo, en el Campo de internamiento de Vernet d’Ariège, y posteriormente liberado para trabajar en una fábrica de explosivos en Angulema.

Ya libre, se reunió con su familia y el alcalde de Prades, de afiliación anarquista, quien le dio papeles en regla y le otorgó un crédito con el que pudo instalarse durante una época, con su familia, en la localidad francesa de Coustouges, junto a la frontera española, donde estudió posibles rutas clandestinas hacia España a través de montes y montañas.

En julio de 1944 realizó un primer viaje a España, para incorporarse a los grupos de acción en contra del régimen de Franco, formando la partida de maquis de Quico Sabaté.

Desde su refugio en Francia compaginaba trabajos de fontanero, hojalatero, y agricultor, con su actividad antifranquista: robos a empresarios acaudalados y entidades bancarias para financiar actividades contra el régimen, actividades de traslado de propaganda antifranquista desde Francia, reorganización de los sindicatos de la CNT en el interior, sabotajes y actividades de guerrilla urbana en Barcelona.

Descubierto su refugio de Costoja, empezó a residir ambulantemente entre Barcelona y el territorio francés. Se alojó durante un período de tiempo en París en casa de Lucio Urtubia.

Tumba de Quico Sabaté en el cementerio de San Celoni.
Tumba de Quico Sabaté en el cementerio de San Celoni.
Fue detenido y encarcelado en Francia por tenencia de armamento y explosivos, y confinado durante varios años en la población francesa de Dijón.

Consiguió eludir su confinamiento y captura durante los siguientes años, y fue descrito como “El Enemigo Público número uno del régimen” en los medios de comunicación españoles.

Su grupo editaba una publicación llamada “El Combate” portavoz de los grupos anarcosindicalistas que se repartía clandestinamente en Cataluña en círculos obreros.

En su última etapa de actividad guerrillera, mantuvo fuertes discrepancias con los cargos de la  CNTAIT del exilio radicado en Toulouse, al negarse a huir a América o colaborar con grupos armados comunistas de la antigua Yugoslavia o Argelia, sosteniendo que los comunistas pudiesen atacar las esencias ácratas. Igualmente, siempre contó con apoyos y complicidades de sus militantes a nivel individual.

El grupo de Quico Sabaté colaboró en acciones conjuntas con otros grupos guerrilleros libertarios maquis, como el de Marcel·lí MassanaJosep Lluís Facerias, y en otras capitales (además de Barcelona) como por ejemplo Zaragoza y Madrid.

En 1959, en su exilio en Francia, recibió la carta de un compañero arrestado en Barcelona y condenado a 30 años de prisión en España. Como hombre leal a sus amistades y de acción, decidió realizar una incursión en territorio español junto a los hombres de su partida de maquis.

Quico Sabaté (Placa en Sant Celoni).
Quico Sabaté (Placa en Sant Celoni).

Del 17 de diciembre de 1959 al 3 de enero de 1960, Quico y sus hombres consiguieron evadir las patrullas, primero de la policía francesa y posteriormente de la Guardia Civil apostadas por el Pirineo, pero finalmente, el 4 de enero de 1960, encontrándose refugiados en una masía, el “Mas Clarà”, situada en las montañas entre Gerona y Bañolas, fueron acorralados por la Guardia Civil. Tras un intenso tiroteo, murieron todos los hombres de la partida de Quico excepto él, que consiguió huir, aunque gravemente malherido en una nalga, un muslo, y en el cuello. Casi milagrosamente en su estado, cruzó el río Ter y llegó a Fornells de la Selva donde subió a un tren con la intención de llegar a Barcelona. Descubierto por el maquinista, saltó a otro ferrocarril, pero la guardia civil ya estaba sobre la pista por el aviso de los ferroviarios.

En las cercanías de San Celoni saltó del tren en marcha y ya en el pueblo, cuando buscaba un médico para que le atendiera, tras un tiroteo con el somatén Abel Rocha, cayó muerto. Eran las 8 de la mañana del 5 de enero de 1960 y Quico tenía 44 años.

Cultura popular

Mural representando a Quico Sabaté en la pared del cementerio de Sant Celoni, 2005 (actualmente borrado).El Quico está enterrado en el cementerio de San Celoni donde cada año, el 5 de enero (día de su muerte) se realiza un acto-homenaje en su memoria.

 Véase también

Referencias

  • Antonio Téllez Solá. SABATÉ, Guerrilla urbana en España (1945-1960). Barcelona, editorial Virus. Guy Debord dijo de este libro que era bello como una película del Oeste o la Ilíada.1
  • Dolors Marín Silvestre. Clandestinos. El maquis contra el franquismo, 1934-1975 . Barcelona, editorial Plaza & Janés.
  • Eduard Pons Prades. Guerrillas Españolas 1936-1960 . Barcelona, editorial Planeta, 1977.
  • Bernard Thomas, traducción de Albertina Rodríguez y Francisco Rodríguez. Lucio, l’irréductible. Suma de letras S.L. ISBN 84-663-0671-4
  • José Peirats. Les anarchistes espagnols. Repères-silena, 1989
  • Ferran Sánchez Agustí. El Maquis anarquista – De Toulouse a Barcelona por los Pirineos. Lleida, Milenio 2005 ISBN 84-9743-174-X
  • VV.AA. La Lucha del Movimiento Libertario contra el Franquismo. Barcelona Virus 1991
  • Pilar Eyre. Quico Sabaté, el Último Guerrillero. Barcelona Peninsula 2000 ISBN 84-8307-236-X

Enlaces externos

Sabaté, guerrillero de película

ESTE ARTÍCULO APARECIÓ EN LA EDICIÓN IMPRESA DEL DOMINGO,  DEL PAIS DEL 17 DE ENERO DE 2010

Francisco Sabaté Llopart, alias “Quico”, vivía exiliado en Francia y hacía incursiones a Cataluña para demostrar que la lucha armada tenía sentido. Su leyenda de guerrillero antifranquista llegó hasta Hollywood. Murió a tiros hace justo 58 años.

Tal era su fama que le bastaba con decir “¡Quietos, soy el Quico!” para que en aquella reprimida Barcelona de los años cincuenta todos le obedecieran: civiles, militares, policías, serenos. Nadie osaba enfrentarse a Sabaté. Sabían del aplomo y decisión con que acometía sus acciones. Desde su primera incursión en 1945, cada vez que llegaba desde Francia a la capital catalana se extendía de inmediato el rumor en esa sociedad que se informaba sólo con rumores: “¡El Sabaté está en Barcelona, le han visto!”.

Francisco, Quico, Sabaté Llopart, máximo exponente de la guerrilla urbana anarquista, emprendió su última incursión en España veinte años después del fin de la Guerra Civil, el mismo día en que Eisenhower aterrizaba en Madrid para bendecir, a los ojos del mundo, el régimen dictatorial del general Franco: el 21 de diciembre de 1959. Poco le importaban a Sabaté los cambios que, cabía esperar, se iban a producir en España tras la visita del presidente norteamericano, él seguía empeñado en la acción armada, fiel al principio de no dar tregua al franquismo. Sabaté nunca se dejó regir por las leyes que, generalmente, acata la colectividad y siempre luchó por su cuenta y con sus medios. Sufrió persecución (y cárcel) en la II República, en la dictadura franquista, en la Francia ocupada, en la liberada, e incluso fue repudiado por algunos compañeros de la CNT: “Desaprensivos que intentan difamar nuestra conducta llamándonos atracadores y malhechores, lo mismo que hace el enemigo franquista”, denunció él mismo ante la CNTFAI.

Sabaté fingía reparar una camioneta. Agarró un fusil ametrallador que escondía en el motor, se plantó en el centro de la calle y abrió fuego

El comisario Quintela infiltró a 150 de sus hombres en taxis de Barcelona con la esperanza de que Sabaté cogiera alguno de esos coches

Tan míticas fueron su vida y muerte que en Hollywood se interesaron por él y la Columbia produjo en 1964 un filme de Fred Zinnemann, “Behold a pale horse”, (He aquí un caballo pálido) en el que Gregory Peck era el guerrillero catalán, y Anthony Quinn, su perseguidor, el teniente Viñolas, que personificaba al comisario Quintela. Éste, jefe de la Brigada Político-Social de Barcelona, era experto en la lucha contra los anarquistas, y Sabaté decidió acabar con él. Fue en su tercer viaje a España, a principios de 1949. Su presencia en Barcelona se hizo notar enseguida: ocupó los diarios del país al dar muerte, en la puerta del cine Condal, al inspector Oswaldo Blanco, quien le sorprendió en una cita. Fue el 26 de febrero de ese año, y cuatro días después planeaba el atentado contra Quintela, que estaría lleno de sorpresas.

Sabaté y su hermano José vigilaron el recorrido que  Quintela hacía a diario para ir a comer a casa: salía de la Jefatura, por la Vía Layetana, y subía por la calle de Marina hasta su domicilio, cerca de la Sagrada Familia. Los Sabaté escogieron como ideal el tramo entre Mallorca y Provenza, por el que el comisario pasaba en coche oficial entre las 13.50 y las 14.10. Y uno de los días en que se hallaban estudiando el terreno, Quico le dijo a su hermano que los habían descubierto: “Es la tercera vez que veo a aquel tipo de la esquina; espérame aquí”. Apretó su pistola en el bolsillo de la gabardina y se dirigió hacia el intruso dispuesto a todo. Pero resultó ser Wenceslao Giménez Orive, anarquista aragonés del grupo Los Maños que vigilaba a Quintela con igual fin. Decidieron unir fuerzas. Así, el 2 de marzo, a las 13.45, todo estaba listo: Sabaté, con mono azul, fingía reparar una camioneta pendiente de  José que, con sombrero marrón, paseaba 50 metros más abajo para indicar la llegada del coche oficial. Más arriba, tres de Los Maños aguardaban en un Fiat con la metralleta Stein lista. A las 13.55, José se quitó el sombrero y el coche se perfiló en la calle de Marina. Sabaté agarró un fusil ametrallador que escondía en el motor y se plantó en el centro de la calle abriendo fuego contra el vehículo matrícula PMM. Pero Quintela no iba en ese coche. Sus ocupantes eran el jefe del Sindicato Universitario falangista, Manuel Piñol, y el delegado de Deportes de tal organismo. Éste resultó herido, y Piñol y el chófer, muertos. Nunca se aclaró por qué no iba Quintela. La prensa trató el suceso: “Criminal agresión de asesinos venidos de fuera”, “pistoleros profesionales [sin paliativos ni trampantojos: pistoleros]” (La Vanguardia, 4 de marzo de 1949).

Uno de los objetivos de los viajes de Sabaté era mantener viva la imagen de que en Barcelona existía resistencia armada. Cuando en mayo de 1949 se trató en la ONU, a petición de Bolivia, Perú, Brasil y Colombia, anular la recomendación de 1946 de que no se enviaran embajadores a España, Sabaté dio cumplida respuesta y colocó explosivos testimoniales en los despachos consulares de tales países. El de la delegación peruana lo depositó en un balcón sirviéndose de una caña de pescar.

En junio de 1949 decidió ir a ver a Leonor, su mujer, y a sus dos hijas, pero al llegar a Francia fue detenido por una causa pendiente y encarcelado un año. Allí, en prisión, se enteró de la aniquilación de la resistencia libertaria en Barcelona: entre el verano de 1949 y el de 1950 fueron desmantelados los cuadros de la organización, detenidos los integrantes de los comités y eliminados los guerrilleros, acribillados o fusilados luego en el Campo de la Bota. Allí también supo que su hermano José, cinco años mayor que él, había muerto a tiros en la calle Baja de San Pedro y que Manuel, el pequeño (22 años), era fusilado tras un consejo de guerra. Una vez cumplida la pena, las autoridades francesas lo confinaron un lustro en Dijon, castigo que cumplió escrupulosamente alentado por la idea de regresar a España. El 29 de abril de 1955 volvió a Barcelona con cuatro compañeros a los que había convencido de seguir la lucha.

A Sabaté no le importaban los cambios de aquellos años: el movimiento libertario exterminado, ni resistencia ni enfrentamientos en las calles, España a punto de ingresar en la ONU, hasta el comisario Quintela se había jubilado y refugiado en su pueblo gallego. Para él, las cosas no habían variado desde aquel 26 de enero de 1939 en que las tropas franquistas tomaron Barcelona. Había que seguir luchando y provocar la agitación a base de propaganda. Sabaté estaba obsesionado con despertar conciencias y rebeldía, y él mismo escribía informes, panfletos, octavillas y editaba revistas para difundir ideas anarquistas. Incluso grabó discursos en cintas magnetofónicas y de vez en cuando, se presentaba en lugares concurridos por trabajadores, comedores de fábricas, para hacerles escuchar consignas grabadas.

Para distribuir las octavillas ideó sistemas tan peculiares como un mortero que estrenó en una visita de Franco a Barcelona. Era el 29 de septiembre de 1955. Se dirigió en un taxi al campo del Barça, en Les Corts, y le contó al taxista que se trataba de una campaña de propaganda (como así era). Ambos subieron el mortero al techo del vehículo y dispararon proyectiles llenos de octavillas llamando a la acción que se dispersaban en centenares de metros. Los taxis eran el sistema de locomoción que siempre empleaba Sabaté en sus acciones, incluso en atracos: hacía aguardar el vehículo en la puerta. “Espere un momento, salgo enseguida”. Tanto era así que el comisario Quintela llegó a tener a 150 policías camuflados de taxistas por la ciudad con la remota esperanza de que Sabaté subiera a uno de esos coches.

En este viaje hubo también derramamiento de sangre. Sabaté se dirigía a una cita en el Poble Sec cuando le pareció que un individuo le seguía. Con su temeridad característica, se dirigió al desconocido y le pidió la documentación. El otro, tras la sorpresa inicial, trató de sacar la pistola, y Sabaté le disparó a bocajarro. Luego se llevó su documentación para comprobar que no había errado: la víctima era el veterano inspector José Félix Gómez de Lázaro. De nuevo volvió su rostro a las primeras de los diarios, aunque los barceloneses ya sabían que estaba en la ciudad por el número de atracos a bancos que se sucedían. Los medios económicos precisos para la actividad subversiva los lograba con “expropiaciones” a entidades. Así se financiaba los viajes, refugios y bases, las armas. En este viaje de 1955, los anarquistas llegaron a Barcelona sin dinero. Sabaté entró en una tienda de tejidos del barrio de Gracia y se llevó 4.000 pesetas. Cuando, tres días después, obtuvo un botín de 700.000 en una “expropiación” al Banco de Vizcaya, esquina entre Mallorca y Muntaner, no dudó en regresar a la tienda y devolver al dueño las 4.000 robadas.

De entre todos los atracos realizados en 1956, que sumaron varios millones de pesetas, el más espectacular fue el de la empresa Cubiertas y Tejados. Un millón de botín. Eligió el 22 de diciembre porque calculó que estaría el dinero de la paga de Navidad. Acudió en taxi. Le mandó esperar en la puerta. Sus dos acompañantes se negaron a entrar al ver la cantidad de gente que había en el interior del moderno edificio con amplios ventanales que hacían todo lo de dentro bien visible. Finalmente les encargó que controlaran la planta baja mientras él subía a las oficinas, localizaba al cajero y cogía el dinero. La repercusión del atraco fue tal que la policía redobló esfuerzos. Se estrechó el cerco en torno a Sabaté. Y éste se quedó sin refugio. Así que un día, en la calle de Cartagena, se acercó a un hombre, le colocó la pistola en los riñones y le dijo: “Soy el Quico. Voy a subir contigo a tu casa. No tengo otro remedio”. Se trataba de un matrimonio con una hija de 12 años. Sabaté les planteó que se iba a quedar dos días escondido y que de allí no saldría nadie en ese tiempo. El hombre le hizo ver que él y su esposa trabajaban y levantarían sospechas si no acudían a sus puestos. Sabaté lo aceptó, les hizo llamar al colegio de la niña para decir que estaba enferma y permitió que los padres se ausentaran. A los dos días, como prometió, se marchó de la casa. Se fue a Francia cruzando ríos y subiendo montañas.

Y llega diciembre de 1959, su último viaje. A punto de cumplir los 45 ha conseguido reunir a cuatro compañeros para la acción, tres de los cuales podrían ser sus hijos (uno, de 20 años). Los de su generación, los partidarios de la lucha armada, o han sido eliminados o hace tiempo que renunciaron a sus sueños. Para conseguir a éstos ha tenido que llamar a muchas puertas y no se ha percatado de que los servicios de información franquistas no son ya los de 1949. Así que éstos inician la operación para acabar con el máximo exponente de la guerrilla anarquista antes incluso de que él y su grupo crucen a pie la frontera. El despliegue de efectivos es gigantesco: 300, entre guardias civiles, policías y militares, se acantonan entre Besalú, Beuda y Albañá; se vigilan cruces de caminos, carreteras, entradas y salidas de pueblos. Dedican especial atención a las casas de campo aisladas y se presiona a campesinos, masoveros, leñadores y carboneros para obligarles a denunciar la presencia de desconocidos. Incluso el comisario Quintela se desplaza hasta Gerona desde su retiro gallego junto a su perro rastreador de raza, Bloodhound.

El 30 de diciembre, los anarquistas son vistos en las márgenes del río Manol, pero no son localizados hasta el día siguiente, el último de aquel año triunfal para el franquismo, al advertir que sale humo de la deshabitada masía Casot de Falgás. Un guardia civil a caballo se acerca y es recibido con disparos, pero se finge muerto y observa cómo cinco hombres huyen. Se establece un imponente dispositivo para evitar que Sabaté llegue a Barcelona. El 3 de enero, los fugitivos son localizados en una masía, en el Mas Clarà de Sarrià de Ter. La casa es rodeada por tres cordones de guardias civiles armados hasta los dientes que al ver aparecer a tres desconocidos abren fuego. Uno es herido de muerte; los otros dos consiguen volver a la casa; Sabaté ha sido herido en una pierna.

Al caer la noche, completamente cerrada, los fugitivos tratan de salir a la desesperada: sueltan una vaca del establo y dos de los anarquistas corren en dirección contraria, pero son abatidos al tropezar con el primer anillo del cerco. Sabaté, armado con su metralleta Thompson y un Colt, comienza a reptar cuando oye una voz cercana: “No disparéis, soy el teniente”. La hace callar de un disparo y sigue reptando y repitiendo ese estribillo de “No disparéis, soy el teniente”. Así logra atravesar los cordones de seguridad.

Al amanecer del 4, los civiles entran en la casa, detienen a los propietarios y matan a uno de los fugitivos allí agazapado. Hay cuatro cadáveres, pero falta Sabaté. Éste tiene tres heridas, un rasguño de bala en el cuello, un impacto en una nalga y la más grave en la pierna. Pero consigue recorrer 20 kilómetros hasta la estación de tren de Fornells y se sube a la locomotora de un correo. Ya han pasado más de 40 horas desde el inicio del cerco cuando los dos maquinistas se sorprenden al oír decir a aquel extraño que les apunta con un arma: “Soy el Quico y tengo que llegar a Barcelona”. Le entregan bocadillos, pero le hacen ver lo imposible de su pretensión con aquel tren. En Massanet se cambia la locomotora de vapor por una eléctrica. Y Sabaté logra saltar de una a otra. A los nuevos maquinistas les pide que aflojen la marcha en Sant Celoni y se arroja en marcha.

Son las ocho de la mañana del 5 de enero y aún le faltan unos 50 kilómetros para Barcelona. Lleva más de dos días sin dormir y está extenuado y malherido. Llama a la puerta de la primera casa que encuentra y le pide a la mujer que le deje pasar para afeitarse y lavarse, pero ella se niega porque su marido no está en casa. Y tampoco tiene suerte en la segunda. Le abre un hombre joven y fuerte al que no le gusta nada su aspecto y cuando se da cuenta de que esconde una metralleta se lanza a por él. Los gritos del joven llegan a oídos del grupo que, ya alertado, patrulla el pueblo: un sargento de la Guardia Civil, un policía municipal y un somatén, Abel Rocha, que es el primero en llegar y da muerte a Sabaté con su “naranjero”. Luego llega el sargento Martínez Collado y dispara varios cargadores contra el rostro del guerrillero hasta dejarle irreconocible.

El fin de Sabaté fue ampliamente publicitado y celebrado esos días, pero como el tiempo es un devorador insaciable, al cumplirse 40 años del suceso se colocó una placa en la misma calle en la que todo sucedió, que dice: “Aquí fou assassinat Quico Sabaté, guerriller antifranquista”. Y al somatén Abel Rocha, todas las noches del 5 enero le hacen pintadas en la puerta de su casa llamándole “asesino”.

 

‘Quico Sabaté: el último guerrillero’, con la periodista Pilar Eyre

  • La ponencia se celebrará el próximo miércoles en el Salón de Actos del Edificio Hucha

  • Quico Sabaté fue el máximo exponente de la guerrilla urbana en Cataluña

  • Descrito por los medios españoles como ‘El Enemigo Público número uno’

 

EL MUNDO Castellón

Pilar Eyre brindará el próximo miércoles un retrato completo de Francisco Sabaté Llopart, conocido como el Quico, el último maquis en activo en el territorio español. La ponencia de la periodista y escritora se enmarca dentro del Ciclo de charlas-coloquio “Femenino Singular” de la Fundación Caja Castellón y se celebrará en Salón de Actos del Edificio Hucha de Castellón.

Eyre estudió Filosofía y Letras y Ciencias de la Información. Es conocida por ser una periodista todoterreno, seria y rigurosa, pero reconoce que su trabajo en televisión marca un género fronterizo entre el periodismo y el espectáculo. También ha ejercido el periodismo como columnista, entrevistadora y reportera en varios periódicos y revistas. Sin embargo, su verdadera pasión es la literatura. Una actividad donde ha hecho de todo y una prueba de ello es su larga lista de libros, los cuales abarcan un amplio elenco de géneros: ensayos, novelas y biografías.

Nacido en Hospitalet, máximo exponente de la guerrilla urbana junto con José Luis Facerías, Quico Sabaté volvió en numerosas ocasiones del exilio al que le condenó el final de la guerra civil para llevar a cabo acciones en contra del régimen de Franco. Murió en 1960, durante una espectacular huida de la Guardia Civil, víctima de un miembro del somatén.

Francesc Sabaté Llopart (Hospitalet de Llobregat, 1915 – San Celoni, 1960), más conocido como Quico Sabaté o El Quico fue un anarquista español, fue el máximo exponente de la guerrilla urbana en Cataluña junto a Josep Lluís Facerías.

‘El Enemigo Público número uno del régimen’

A los 10 años Sabaté ya manifestaba su espíritu libre, no asistía a clase, por lo cual sus padres lo internaron. Antes de los 17 se afilia al Sindicat d’Oficis Varis de la Confederación Nacional del Trabajo y funda el grupo “Els Novells” (Los Novatos) como continuación del grupo ‘Los Solidarios’. En 1935 Sabaté rechazó cumplir el servicio militar.

Durante la Guerra Civil luchó en el frente de Aragón. Tras la recaída de Teruel tuvo un incidente con un comisario comunista y fue acusado de la muerte de este comisario. Desertó huyendo a Barcelona donde siguió combatiendo con la CNTFAI. Finalmente fue arrestado por los comunistas pero logró escapar de prisión. Terminó la guerra en la 26ª División de la “Columna Durruti”.

Al finalizar la guerra pasó a Francia, donde fue confinado por las autoridades francesas, posteriormente liberado para trabajar en una fábrica de explosivos en Angulema. Ya libre se instaló en la localidad francesa de Coustouges, junto a la frontera española, donde estudió posibles rutas clandestinas hacia España a través de los montes. En julio de 1944 realiza un primer viaje a España, formando la partida de maquis de Quico Sabaté. Desde su refugio en Francia compaginaba trabajos de fontanero, hojalatero y agricultor con su actividad antifranquista.

Fue detenido y encarcelado en Francia por tenencia de armamento y explosivos. Consiguió eludir su confinamiento y captura durante los siguientes años y fue descrito como “El Enemigo Público número uno del régimen” en los medios de comunicación españoles.

Lucha hasta el final

El día 4 de diciembre de 1960, encontrándose refugiados en una masía entre Gerona y Bañolas fue acorralado por la Guardia Civil. Tras un intenso tiroteo, murieron todos los hombres de la partida de Quico excepto él, que consiguió huir, aunque gravemente malherido en una nalga, un muslo y en el cuello. Casi milagrosamente en su estado, cruzó el río Ter y llegó a Fornells de la Selva donde subió a un tren con la intención de llegar a Barcelona. Descubierto por el maquinista, saltó a otro ferrocarril, pero la guardia civil ya estaba sobre la pista por el aviso de los ferroviarios. En las cercanías de San Celoni saltó del tren en marcha y, ya en el pueblo, cuando buscaba un médico para que le atendiera, tras un tiroteo con el somatén Abel Rocha, cayó muerto. Eran las 8 de la mañana del 5 de enero de 1960 y Quico tenía 44 años.

1-3 Quico Sabate – Anarquista

Militante anarquista conocido con el nombre de Quico Sabaté. Vinculado desde el 1931 a los sectores de acción o «grupos específicos» del movimiento libertario, combatió durante la guerra de 1936-39 y, una vez finalizada, se exilió en Francia. En 1943 regresó clandestinamente e inició, Quico Sabaté con sus hermanos Josep (lHospitalet de Llobregat 1909 – Barcelona 1949) y Manuel (lHospitalet de Llobregat 1927 – Barcelona 1950), la lucha armada en la zona del Barcelonès, hasta convertirse en el máximo -y mítico- exponente de la guerrilla urbana antifranquista. Después de un paréntesis en Francia (1949-55), retomó la lucha pero, falto del soporte orgánico de la CNTFAI, acabó siendo acorralado por la guardia civil y asesinado por Abel Rocha, miembro del somaten.

 2-3 Quico Sabate – Anarquista

 

3-3 Quico Sabate – Anarquista

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