Josep Lluis Facerías, (1920-1957)

Josep Lluís Facerías (Vida y obra)

Josep Lluis Facerías, (1920-1957) Nacio el 6 de enero de 1920 en Barcelna, Cataluña (España) y murió el 30 de agosto de 1957 en Barcelona, Cataluña (España), más conocido como Face o Petronio por sus compañeros más íntimos. Jefe de partida de un grupo de guerrilleros antifranquistas, fue uno de los máximos exponentes del maquis urbano en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX.

Biografía.

A los 16 años, en 1936, se afilia a la Confederación Nacional del Trabajo y a las Juventudes Libertarias del barrio del Pueblo Seco, Barcelona.

Al inicio de la Guerra Civil española, se alista en la Columna Ascaso, luchando toda la guerra en el frente de Aragón hasta que es hecho prisionero en 1939 cuando el ejército de la República ya se batía en retirada. Este mismo año pierde a su compañera y su hija de meses, asesinadas cuando huían junto a miles de refugiados a Francia.

Estuvo encarcelado por la dictadura militar hasta el año 1945. Liberado, se incorpora al Sindicato de Industrias Gráficas de la CNT, mientras trabajaba como camarero y cajero en un restaurante. El tiempo libre del que dispone lo dedica a la actividad clandestina antifranquista, siendo uno de los miembros más activos en acciones y organización de las Juventudes Libertarias de Cataluña, las cuales vuelven a publicar Ruta, su diario portavoz.

En 1947, después de estar preso de nuevo, en la cárcel modelo de Barcelona; convencido de que la lucha armada era la manera más rápida de obtener dinero como soporte al sindicato anarquista y a los militantes presos y sus familiares más necesitadas, forma el grupo guerrillero la “Partida de maquis de Facerías”, realizando su primera acción, un atraco a la fábrica Hispano-Olivetti.

Placa conmemorativa en el Pla de les Mares de la Plaza de Mayo
Placa conmemorativa en el Pla de les Mares de la Plaza de Mayo
Muere el 30 de agosto de 1957 en una “emboscada” de la policía en el cruce de los actuales paseos Verdún y Urrutia con la calle Pi i Molist de Barcelona, Cataluña, (España) donde se le recuerda mediante una placa circular recordatoria en el suelo que dice:

Josep Lluís Facerias. Militant llibertari. Mort en aquest lloc en una emboscada de les forces de la dictadura el 30 d’agost de 1957 a les 10.45 del Matí.

Cultura Popular.

  • La Casita Blanca, la ciudad oculta, película-documental de Carles Balagué.

Véase también.

Bibliografía.

  • Antonio TéllezFacerías Guerrilla urbana (1939-1957). La lucha antifranquista del Movimiento Libertario en España y en el exilio.ISBN 84-96044-44-0
  • Antonio Téllez. La Guerrilla Urbana – Facerías. 1974 Ruedo Ibérico
  • Dolors Marín Silvestre. Clandestinos. El maquis contra el franquismo, 1934-1975 . Barcelona, editorial Plaza & Janés 2002 ISBN 84-01-53053-9
  • Eduard Pons PradesGuerrillas Españolas 1936-1960 . Barcelona, editorial Planeta, 1977 ISBN 84-320-5634-0
  • Ferran Sánchez Agustí. El Maquis anarquista – De Toulouse a Barcelona por los Pirineos. Lérida, Milenio 2005 ISBN 84-9743-174-X
  • VV.AA. La Lucha del Movimiento Libertario contra el Franquismo. Barcelona Virus 1991

Enlaces externos.

 

http://www.sindominio.net/marxa-maquis/article.php3?id_article=10

 

José Luis Facerías, historia de un maquis urbano libertario

FaceriasJosé Luis Facerias o Josep Lluís Facerías, conocido también por “Face” o por “Petronio” por sus amigos y compañeros más íntimos, fue, juntamente con Quico Sabater, uno de los exponentes máximos de la guerrilla urbana en Cataluña, de los años cuarenta y cincuenta.

Jefe de guerrilla, era físicamente un hombre bien plantado, elegante, un verdadero “Dandy”.

Intrépido hombre de acción, destacó por su excepcional talento y lucidez, llegando a ser uno de los organizadores más capaces con que contó el maquis urbano libertario de la época. Muy pronto ocupó cargos de responsabilidad, dentro del clandestino movimiento libertario catalán.

Nacido en Barcelona el 6 de enero de 1920, en el 36, estaba afiliado al sindicato de la Madera de la CNT y a las Juventudes Libertarias del Poble Sec.(Barrio Barcelonés).

Al inicio de la guerra civil, se alistó a la Columna Ascaso, luchando durante toda la guerra en el frente de Aragón. En una de las últimas batallas de Catalunya, cuando el ejército republicano se batía en retirada, a principios de febrero del 39, fue hecho prisionero.

En este mismo año, perdió a su compañera e hija de meses, cuando ambas iban camino de Francia huyendo, al lado de millares de futuros refugiados. Probablemente, nunca llegaron a cruzar la frontera. Ametralladas por los aviones nazis Messerchmitt, que sembraban la muerte de la población que huía.

Facerias, pasó por diferentes campos de concentración y batallones de trabajo, en Zaragoza, Vitoria y Extremadura, (España).

Al ser llamada su quinta bajo el nuevo régimen franquista, pasó de prisionero de guerra a soldado, destinado a una Unidad de Transportes Militares en Barcelona, como conductor y poco más tarde, ocupó el cargo de chofer particular del comandante del cuerpo jurídico Militar.

Licenciado a finales del 45, se incorpora al sindicato de Industrias gráficas de la CNT y se pone a trabajar, primero de camarero y después de cajero en el restaurante “La Rotonda”, al pie del Tibidabo.

Todo el tiempo libre de que dispone, lo dedica a la actividad clandestina; Aún era la época de esperanza para muchos, de una intervención aliada, acabada la segunda guerra mundial, de la intensificación de la lucha del maquis rural y sobretodo urbano.

A partir de marzo del 46, (Facerias) fue el animador más dinámico de los “Grupos de defensa” de la barriada barcelonesa del Centro.

Intervino activamente, en las acciones de organización y defensa, de las Juventudes Libertarias de Catalunya, las cuales volverán a publicar, a partir del 46, “Ruta”, su portavoz, que era distribuido, por medio de sacas de películas, que se repartían por cines y bares.

Detenido con otros militantes por la brigada Político-Social, el 17 de agosto del 46, fue encarcelado en la Modelo, hasta julio del 47, que salió en libertad.

En este mismo año, forma su grupo guerrillero y realiza su primera acción: El atraco a la fábrica Hispano-Olivetti,  de donde consigue 300.000 pesetas y 100.000 más del Banco Español de Crédito, de la calle Mallorca.

Facerias creía que la lucha armada era la manera más rápida para obtener unos dineros que servirían de apoyo al Sindicato anarquista y a los militantes presos y a sus familiares más necesitados.

De los atracos, cabe destacar, los ocho realizados con su grupo, durante el año 46, con los que consiguió 3.000.000 pesetas, entregados íntegramente a la organización. De estas ocho acciones cabe destacar: la del Banco de Vizcaya de la Calle Rocafort, la del Banco de Bilbao, la del Banco Hispano-Colonial, de la Diagonal y también de la calle Muntaner, la de la Banca Pérez López de Hospitalet y la del Banco Hispano-Colonial de la calle Mayor de Grácia. También, asaltó una fábrica de madera, en la carretera del Puerto, la fábrica ICANSA, del Pueblo Nuevo y la empresa de Automóviles Eucort.

A más de varios atracos a joyerías de Barcelona, también se dedicó a visitar los “Meublés” de lujo frecuentados por gente adinerada. El primero fue el de “Pedralbes” (Barrio Barcelonés muy burgués) de donde se apoderó de los dineros y de las joyas de los clientes.

En agosto del 49; se presentó con otros activistas en “La Casita Blanca”(Meublés muy conocido en Barcelona) de donde se llevó 37.000 pesetas y joyas;

En mayo del 51 volvió a la “Casita Blanca”; y en octubre del 51 volvió al “Meublé” de Pedralbes.

Por lo que hace a los sabotajes, en agosto del 46, desde un coche en marcha Facerias y sus hombres, ametrallan la Comisaría de Grácia en la Travesera de Dalt, incendiaron los depósitos de un local de la CAMPSA (Gasolina en España) en la calle Sepúlveda, en donde resultaron destruidos 40 coches y también actuó conjuntamente con el grupo de Quico Sabater en la colocación de explosivos en los consulados favorables al ingreso del estado Español en la ONU.

El 1 de abril del 50 en la conmemoración de la victoria franquista consiguió colocar un potente artefacto explosivo debajo de una tribuna principal en el Paseo de Grácia, y distribuyendo por toda la ciudad, en un coche robado, miles de octavillas antifranquistas, El ocho de abril haría estallar una potente bomba en la comisaría de la Lonja, de la Calle Ancha (Ample), resultando gravemente heridos seis policías y produciendo muchos destrozos.

También, en la carretera de la Rebassada a Sant Cugat, realizaría la “operación Documentación”, (agosto 49) que consistía en desviar los coches por un camino que conducía a la masía llamada “Mas del Bosc”,donde examinaban los pasaportes y la documentación y se apoderaban de los de más interés para falsificarlos.

El armamento empleado por los grupos de acción de Facerias, estaba compuesto de ametralladora “Stein” y “Thompson”, pistolas “Parabellum”, “Walter P.38”, “Colt” calibre 45,  “Star” calibre 9 mm. largo, y bombas de mano, carabinas americanas automáticas, detonadores, dinamita, trilita y plástico.

Facerias era un dirigente nato, que contó siempre con la confianza de todos sus compañeros de lucha, la mayor parte de los cuales morirían en enfrentamientos con la policía, o la guardia civil, como es el caso de su mejor amigo y colaborador, Guillermo Ganuza Navarro o Antonio Franquesa y César Saborit.

Facerias actuó en ocasiones conjuntamente con otros grupos como es el caso del grupo de Quico Sabater, o el de Wenceslao Orive, (Los Maños).

En el otoño del 51, después de la caída de tres componentes del grupo de Facerias, la policía pudo conseguir de los detenidos una cita a la que había de acudir Facerias el 26 de octubre. Este llegó en bicicleta veinte minutos antes y no observó nada sospechoso, aunque la trampa estaba ya preparada.

En la huída, “Face” se deja una cartera donde llevaba una dirección de la Calle Arenys del (Barrio) Carmelo, (donde guardaba armamento y propaganda antifranquista). Sin pensarlo dos veces se dirige hacia la casa, para llegar antes que la policía, y tener tiempo de llevarse lo más importante. Cuando salía, fue asaltado, con fuego cruzado de armas automáticas, pero, pese a todo, consiguió huir de nuevo. En el enfrentamiento habrá un agente muerto y nueve heridos.

Durante los días siguientes se acordonarán islas enteras de casas para efectuar registros. La policía Armada patrullaba por las calles barcelonesas, en grupos de seis y en algún barrio los viandantes, fueron constantemente molestados.

Todo esto, contribuía más a aumentar la popularidad de Facerias en Barcelona, el cual llegó a adquirir como Quico Sabater, las dimensiones de mito.

A principios del 52, Facerias huiría a Francia, pero ante el riesgo de ser detenido por la policía francesa, que le buscaba y en caso de detención lo habría extraditado a la policía española, decidió marchar a Italia, donde entró clandestinamente por la montaña, el mes de junio del 52.

Allí colabora intensamente con los grupos anarquistas italianos y tomó parte en la creación de los Grupos Anarquistas de Acción Proletaria.

A pesar de que en el 53 la CNT del exilio francés había desautorizado la lucha armada, Facerias decidió volver a Barcelona, Cataluña, (España) después de no llegar a un acuerdo conjuntamente con Quico Sabater salió de Toulouse, (Francia) acompañado de Luis Agustín Vicente, alías “El Metralla” y del italiano Goliardo Fiaschi. En la frontera notaron que había una intensa vigilancia, pero ellos se hicieron pasar por excursionistas.

Equipados los tres con mochila y bicicleta siguieron hasta Sant Joan de les Abadesses.

En Sant Quirze de Basora,“El Metralla” no quiso seguir en bicicleta y cogió el tren.

Facerias y Goliardo siguieron el viaje en bicicleta, pasando cerca de Vic, bordeando el Montseny hasta llegar a Granollers, y de allí a Mataró, y finalmente hacia el Tibidabo era el 27 de agosto.

Se refugiaron en una cabaña-Chalet, disimulada entre los pinos del bosque de Sant Medir.

Aquella misma noche, era detenido “El Metralla”, el cual se rindió sin oponer resistencia.

La policía no hizo ningún disparo: se trataba de capturarlo vivo.

Al día siguiente, fue detenido Goliardo, cuando volvía a la Cabaña/ Chalet del Tibidabo.

La policía montó guardia toda la noche, a la espera de Facerias, pero éste no se presentó.

Sin tener noticias de la detención de sus compañeros, el día 30, “Face” se dirigió hacia una cita, a las once de la mañana, en la confluencia de las calles Dr.Urrutia y Pi i Molist, junto al Paseo de Verdum, prácticamente delante de la puerta del manicómio de San Andrés.

Hacia las 11 y cuarto, unos agresores invisibles disparan, herido, se mira la pierna derecha, tenía el tobillo fracturado. En un instante vuelven a disparar. Facerias se incorpora con dificultad, con la idea de salir de aquella trampa, se apoya el vientre en la baranda y dándose impulso con las manos se deja caer al otro lado, en un solar de cuatro metros de desnivel.

Aún pudo sacar una bomba de mano, pero desde unas ventanas de la calle Nilo sonaban descargas de armas automáticas; el Cuerpo de Facerias cae inmóvil, sin vida, con la bomba de mano en sus dedos crispados, su cuerpo tenía nueve impactos de bala, la mayoría mortales.

Un número impresionante de policías y todo un destacamento de la Guardia civil, estaban esperando, bien escondidos detrás de las ventanas y de los terrados.

Su muerte, es posiblemente, como lo señalan todos los indicios, debida a una delación del “El Metralla” compañero del último viaje el cual delató la cita, a cambio de salvarse él.

Con su muerte, nada más quedaban dos grupos guerrilleros en Catalunya; El de Quico Sabater y el de Ramón Vila Capdevila.

 

Josep Lluis Facerías

 

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Josep Lluis Facerias

Josep Lluis Facerías, nacio en Barcelona, 6 de enero de 1920 y fue abatido por disparos de la policia el 30 de agosto de 1957.

Más conocido como Face o Petronio por sus compañeros más íntimos. Jefe de partida de un grupo de guerrilleros antifranquistas, fue uno de los máximos exponentes del maquis urbano en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX.

A los 16 años, en 1936, se afilia a la Confederación Nacional del Trabajo y a las Juventudes Libertarias del barrio del Pueblo Seco, Barcelona, Cataluña, (España). Al inicio de la Guerra Civil española, se alista en la Columna Ascaso, luchando toda la guerra en el frente de Aragón hasta que es hecho prisionero en 1939 cuando el ejército de la República ya se batía en retirada. Este mismo año pierde a su compañera y su hija de meses, asesinadas cuando huían junto a miles de refugiados a Francia.

Estuvo encarcelado por la dictadura militar hasta el año 1945. Liberado, se incorpora al Sindicato de Industrias Gráficas de la CNT, mientras trabajaba como camarero y cajero en un restaurante. El tiempo libre del que dispone lo dedica a la actividad clandestina antifranquista, siendo uno de los miembros más activos en acciones y organización de las Juventudes Libertarias de Cataluña, las cuales vuelven a publicar Ruta, su diario portavoz.

En 1947, después de estar preso de nuevo, en la cárcel modelo de Barcelona; convencido de que la lucha armada era la manera más rápida de obtener dinero como soporte al sindicato anarquista y a los militantes presos y sus familiares más necesitadas, forma el grupo guerrillero la “Partida de maquis de Facerías”, realizando su primera acción, un atraco a la fábrica Hispano-Olivetti.

Josep Lluís Facerias. Militant llibertari. Mort en aquest lloc en una emboscada de les forces de la dictadura el 30 d’agost de 1957 a les 10.45 del Matí.Mayo
 Muere el 30 de agosto de 1957 en una “emboscada” de la policía en el cruce de los actuales paseos Verdún y Urrutia con la calle Pi i Molist de Barcelona, Cataluña, (España) donde se le recuerda mediante una placa circular recordatoria en el suelo que dice:
“Josep Lluís Facerias. Militant llibertari. Mort en aquest lloc en una emboscada de les forces de la dictadura el 30 d’agost de 1957 a les 10.45 del
Matí. Mayo”

Alas once de la mañana del 30 de agosto de 1957, el popular guerrillero anarquista Josep Lluís Facerias se había citado con un campesino de Pallejà en la confluencia de las calles de Urrutia y del Doctor Pi i Molist y el paseo de Verdum de Barcelona, Cataluña, (España). Facerias era un hombre extremadamente prudente, pero el campesino lo delató y, al llegar al cruce, fue abatido por la policía que rodeaba el lugar. Recibió nueve impactos mortales de bala.

Facerias, también conocido como Face o Petronio, fue uno de los guerrilleros o maquis más destacados de la guerrilla antifranquista en Catalunya, (España). Por sus espectaculares acciones alcanzó la categoría de mito en la memoria popular junto con Quico Sabaté. Buena muestra de ello son los folletos anónimos que circularon durante la huelga de tranvías de Barcelona, Cataluña, (España) de febrero de 1951 con leyendas como estas: “Contra el requeté, visca en Sabaté y Per arreglar la vaga dels tramvies, que vingui en Facerias”.

Teóricos de la guerrilla sudamericana como Abraham Guillén y Carlos Marighella consideran que aquella guerrilla urbana catalana de los años 40 y 50 que tan exhaustivamente ha descrito en sus libros Antoni Téllez Solà es un precedente y un referente de los movimientos guerrilleros sudamericanos surgidos en los años 60 y 70, como los tupamaros uruguayos y los montoneros argentinos.

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Josep Lluís Facerias, en París en 1952, con el hijo de un compañero.

Josep Lluís Facerias nació en 1920 en el Poble Sec y a los 16 años se afilió a la CNT y a las Juventudes Libertarias del barrio. Combatió en el frente durante la guerra y fue hecho prisionero en 1939. Aquel mismo año, su mujer y su hija, de apenas unos meses, fueron ametralladas por aviones nazis junto con una multitud de civiles que huían a Francia. Ambas murieron.

Facerias pasó por varios campos de concentración y de trabajo hasta que, una vez puesto en libertad, en 1946, se integró en la resistencia libertaria. Primero, como organizador de las Joventuts Llibertàries de Catalunya; más tarde, participando en el Moviment de Resistència Llibertària, y finalmente, dirigiendo varios grupos de acción. Los primeros años de actividad clandestina los compatibilizó con un empleo de camarero en el restaurante La Rotonda, al pie del Tibidabo.

Era un hombre elegante, inteligente y audaz, un gran estratega que contó siempre con la confianza de sus compañeros. Fue conocido sobre todo por los atracos a bancos, empresas, joyerías propiedad de militantes franquistas y mueblés de lujo de la parte alta de la ciudad. El dinero de estas acciones servía para mantener la infraestructura logística de la resistencia armada libertaria y, sobre todo, para ayudar a los presos políticos y a sus familias. También realizaba actos de sabotaje contra las fuerzas represivas del régimen y entre sus accciones más arriesgadas destaca el atentado contra el comisario en jefe de Barcelona, el brutal Eduardo Quintela.

En 1957, el ya popular guerrillero tuvo la oportunidad de exiliarse a Brasil a través de las gestiones realizadas por el doctor Josep Pujol Grau, íntimo amigo suyo y médico de la resistencia. Sin embargo, decidió volver a Catalunya, (España) para continuar la lucha. Mientras existiera la dictadura franquista, no podía dejar de actuar y ayudar a mantener viva la autoestima y la esperanza del pueblo catalán. Como el resto de guerrilleros, vivió un revolución social y luchó toda la vida contra la injusticia y por la libertad.

Facerias no es solo patrimonio de los libertarios, sino de quienes, con métodos adaptados a estos tiempos, luchan contra todo tipo de opresión y trabajan en pos de una sociedad más igualitaria asumiendo métodos antiautoritarios. Es vergonzoso, tanto para la memoria popular como para los más de 500 guerrilleros antifranquistas muertos en Catalunya, (España) que el lugar donde mataron a Josep Lluís Facerias esté señalado en una placa en el suelo que parece una tapa de cloaca, con una reseña de difícil lectura. No deja de ser un síntoma de cómo se ha tratado nuestra memoria histórica desde la transición hasta ahora.

La otra historia publicada en el diario EL PAIS del JUEVES, 23 de agosto de 2007

La muerte de un anarquista

Luchó toda su vida por el triunfo de las ideas libertarias, mantuvo viva la llama anarquista durante los años cuarenta y cincuenta. Hace 50 años, en agosto de 1957, fue abatido en una emboscada en Barcelona, Cayaluña, (España) como si se tratara de un perro rabioso. Josep Lluís Facerías, un personaje peculiar.

placafaceriasLuchó toda su vida por el triunfo de las ideas libertarias y murió en una emboscada como si se tratara de un animal rabioso. Fue abatido en las puertas del manicomio de Sant Andreu, en Barcelona, Cataluña, (España). Ni tiempo tuvo para sacar el arma.

Y había tomado las precauciones de siempre, como era su estilo. Llegó en un taxi una hora antes a la cita y dio una vuelta por el lugar para comprobar que no hubiera nada sospechoso. Se apeó del vehículo en la confluencia de Doctor Urrutia con Pi i Molist y, apenas se quedó solo, abrieron fuego contra él desde ventanas y azoteas. Aún herido, tuvo un reflejo y saltó un pequeño muro para dejarse caer en un solar que estaba cuatro metros más abajo. Desde las ventanas de un edificio de la calle Nilo, inspectores y agentes de la Brigada Político Social (BPS) le remataron con fusiles y armas automáticas. Murió como siempre han muerto los bandidos.

  • Contactaron con alguien de El Pardo que les facilitaría la entrada para volar el palacio en que residía el Caudillo 
  • Para la Navidad de 1949 planearon el caos y el levantamiento popular en Barcelona. Era su sueño libertario

Ocurrió hace ahora 50 años, el 30 de agosto de 1957. El muerto, además de una pistola y cinco cargadores, llevaba 500 francos franceses, 1.000 pesetas, librillo de papel de fumar, petaca y un espejito, porque siempre le gustó mucho cuidar su imagen. Le llamaban Petronio por su elegancia. Era Josep Lluís Facerías, enemigo público número uno de la policía franquista, uno de los cuatro jinetes de la lucha libertaria junto a Sabaté, Massana y Ramón Vila.

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“El maño”, “Face”, Enrique Martínez y Celedonio García. Fotografía tomada por Domenec Ibars, Pirineos, enero 1948.

Facerías murió en una España muy distinta de aquella en la que empezó su lucha. Se había iniciado una nueva época y, como les ocurrió a los viejos forajidos del Oeste americano, no se dio cuenta de que la oposición a la injusticia y la opresión ya no estaba en el poder de las pistolas, sino en la lucha política. Apenas unos meses antes se habían iniciado huelgas laborales en el País Vasco y Cataluña, y habían sido encarcelados estudiantes, hijos de la burguesía, a causa de las protestas en la Universidad. La política de “reconciliación nacional” de los comunistas comenzaba a dar sus frutos.

Pero para Facerías, Sabaté, Massana y Ramón Vila, el derrocamiento del franquismo estuvo siempre ligado a la lucha armada, a atentar contra los represores del régimen y a “infligir golpes a la economía del Estado”. Y, como escribía el historiador anarquista Antonio Téllez, “la tragedia de estos hombres es que tuvieron que batirse contra dos frentes: la represión franquista y el abandono de sus propios compañeros de ideas”.

Facerías, como los otros, se pasó la vida recibiendo hostias de todas partes: de la República, del franquismo, de los comunistas, de la organización anarquista ortodoxa… Biografías similares: al estallar la Guerra Civil, con 16 años, se afilió a las Juventudes Libertarias, marchó al frente de Aragón con la Columna Ascaso, fue hecho prisionero y, tras la cárcel, la mili obligatoria. Así hasta 1945. Atrás quedaron una mujer y una hija que tomaron el camino del destierro y a las que nunca volvería a ver, porque la vida familiar y la lucha clandestina han sido siempre incompatibles.

En 1945, libre al fin, creó el Movimiento Libertario de Resistencia para seguir la lucha en el interior, renunciando al cómodo exilio en Francia. Había que demostrar que la guerra no había terminado e impedir que la ONU aceptara el régimen de Franco y que los americanos pactaran con el dictador. Según la propia BPS, los objetivos de estos grupos de acción eran: “Desorganizar la economía del país, cometer atracos para financiar a la organización anarquista en Toulouse, eliminar a personas adictas y fieles al Nuevo Estado y crear, en definitiva, un ambiente de terror que desmoralice al pueblo y provoque la intervención extranjera ante la incapacidad del gobierno español para dominar el caos”.

La II Guerra Mundial había terminado y los aliados habían perdonado la vida a Franco. El esfuerzo de todos los españoles que habían luchado en Europa contra el fascismo había resultado baldío. Y mientras los comunistas decidieron abandonar la lucha armada, los anarquistas intensificaron la guerrilla urbana haciendo de Barcelona su centro de operaciones.

Los que venían del exterior se quedaban sorprendidos de cómo habían cambiado las cosas en unos pocos años, se encontraban con compañeros que nada tenían que ver con los de hacía unos años, aun siendo los mismos. Los motivos del cambio se hallaban sin duda tras las terroríficas estadísticas: 180.000 desaparecidos y 75.000 fusilados. Era una población esquilmada por la guerra, hambrienta, apaleada y asustada.

Así lo explica el historiador Bernat Muniesa: “Facerías y Sabaté adquirieron una personalidad mítica en estos años porque los que habían perdido la guerra se consolaban de alguna forma con sus acciones. Ellos eran los que seguían una lucha en nombre de todos, ya que la gran mayoría estaba quieta por el miedo a la supervivencia”.

Unos tipos arriesgados y audaces que lo mismo se aventuraban a ir a tomar un café en el bar de Vía Layetana frecuentado por policías de la cercana jefatura que, como Massana, mostraban gran sentido del humor al dedicarle un “disco solicitado” al comandante de la Guardia Civil de Berga, Espérame en el cielo.

Facerías y Sabaté fueron los mitos de la clase obrera oprimida a la vez que sus nombres poblaron de pesadillas los sueños de los niños de buena familia a los que sus padres amenazaban diciéndoles que si no eran buenos, vendrían Sabaté o Facerías, capaces de todo tipo de atrocidades.

“Acciones económicas” o “expropiaciones”, según los activistas; vulgares atracos para la policía y la prensa. Pero el sentido ético de los libertarios era de tal magnitud que se planteó un debate sobre la conveniencia de elegir bancos o fábricas para sus actividades. Y escogieron los bancos por la sencilla razón de que sería el Estado el responsable de indemnizar a los afectados, mientras que si se asaltaban las cajas fuertes de las fábricas, se corría el riesgo de que los obreros se quedaran sin cobrar su semanada.

Se calculan en unos 400 los golpes económicos dados por los anarquistas entre 1945 y 1950; posteriormente, la actividad fue mucho menor tras la gran derrota sufrida por la guerrilla al final de los cuarenta. Hubo asaltos a joyerías, a fábricas de automóviles, a constructoras y a empresas de otros sectores industriales, pero la mayor parte de las “expropiaciones” se efectuaron en entidades bancarias de Cataluña y, concretamente, de Barcelona.

Valga como ejemplo de su forma de actuar lo ocurrido con motivo de un atraco que Facerías llevó a cabo en Madrid, probablemente la única ocasión en la que actuó fuera del territorio catalán. Una anécdota que relata Josep M. Loperena, autor de la novela Ulls de Falcó”, basada en la personalidad de Facerías.

Wenceslao Giménez Orive, el legendario luchador libertario Wences, pidió a Facerías que le acompañara a Madrid para ayudarle en un intento de matar a Franco. Wences había hecho un contacto con alguien del interior de El Pardo quien, a cambio de una importante suma de dinero, les facilitaría la entrada en el palacio en que residía el Caudillo, para que pudieran volarlo por los aires.

Como no tenían el dinero que les exigía el desconocido, decidieron atracar un banco y escogieron una sucursal del Popular en la calle de Embajadores. Necesitaban un vehículo y se dirigieron a las inmediaciones del hotel Palace, donde se fijaron en un cochazo americano (un haiga, como se decía en la época) en cuyo interior aguardaba un chófer uniformado. Facerías, que era de finos modales, subió al vehículo y le contó al conductor que eran anarquistas y necesitaban el coche para una acción, pero que no temiera nada porque se lo devolverían una vez realizada.

Se dirigieron a la puerta del banco y entraron en él Facerías y Wences mientras los otros dos preparaban la retirada. En menos de dos minutos vaciaron las arcas y, cuando ya salían, Facerías reparó en una viejecita que lloraba desconsolada porque se habían llevado 10.000 pesetas que acababa de darle al cajero para realizar un ingreso. Facerías le dijo a Wences que aguardara y sacó, no 10.000, sino 20.000 pesetas, y se las entregó a la mujer, que, agradecida, le dio un beso.

La salida resultó espectacular. Fueron sorprendidos por unos policías cuando arrancaban y comenzaron a cruzarse disparos. Los asaltantes lograron salir de Embajadores, pero, como no conocían Madrid, fueron a dar de nuevo a la puerta del banco, donde se habían congregado gran número de policías. Finalmente le devolvieron el coche al chófer tal y como le habían prometido y, al comprobar que el contacto de El Pardo no daba señales de vida, Facerías regresó a Barcelona y los otros se fueron hacia Andalucía a contactar con compañeros y a repartir el botín entre personas necesitadas.

La actividad de los “grupos de acción”, exceptuando alguna tirada de octavillas o una acción de propaganda, se centraba prácticamente en la “recaudación de fondos”. Fondos que eran escrupulosamente entregados a la sede de la CNT en Toulouse, cuyos dirigentes no tenían reparos en aceptarlos, pero a la vez criticaban a los activistas por la mala imagen que daban de la organización.

A Facerías se le ocurrieron otras formas de llevar a cabo “expropiaciones” que supusieran menos peligro que atracar un banco. Los controles, por ejemplo. Escogían una carretera adecuada, como el cruce de los Cuatro Caminos de Molins de Rey o las sinuosas curvas del ascenso a Montserrat, y se dedicaban a detener a todos los vehículos que pasaban y a quitarles a sus propietarios el dinero, la documentación y todo lo que de valor llevaban. En ocasiones llegaron a formar largas colas de retenciones. Y cuando llegaba el verano solían elegir carreteras de playa, más frecuentadas, como la costa de Garraf, entre Castelldefels y Sitges.

Este sistema lo practicaron también en los garajes donde la gente rica solía guardar sus coches. Encerraban en un cuartucho al vigilante nocturno y, a medida que llegaban los coches, iban desplumando a sus propietarios. Las noches de ópera en el Liceo eran las preferidas de Facerías y los suyos.

Y luego estaban los asaltos a los meublés, esa institución barcelonesa que no desapareció ni en los años más duros de la dictadura: unos hotelitos que alquilaban habitaciones por horas a parejas sin necesidad de que mostraran el libro de familia. Nada que ver con la prostitución, ya que sus clientes, mayoritariamente de clase alta, los utilizaban para aventuras pre o extramatrimoniales.

Una vez reducido el único responsable del meublé, el camarero, los asaltantes, que solían ser cuatro, iban por parejas de habitación en habitación y se apoderaban de las pertenencias de los clientes. Era un trabajo sin demasiadas complicaciones, por lo menos hasta la medianoche del domingo 21 de octubre de 1951, cuando se produjo un incidente en el hotel Pedralbes, situado en la carretera de Esplugas.

Uno de los clientes no sólo se resistió, sino que sacó un arma, y José Avelino Cortés, compañero de Facerías, disparó la metralleta sin pensarlo dos veces y dio muerte a toda una personalidad, Antonio M. S., uno de los más poderosos e influyentes constructores de Barcelona, que estaba acompañado de una chica menor de edad, hija de buena familia. Al oír los disparos, Facerías acudió y, al descubrir a la muchacha llorando, le pidió que se vistiera y que saliera del meublé con ellos.

Subieron al Cadillac, previamente confiscado, y lo detuvieron en las inmediaciones del monasterio de Pedralbes para reflexionar, analizar la situación y decidir lo más aconsejable para la chica. Facerías tomó la determinación de que acudiera a la policía y contara toda la verdad de lo ocurrido. Y tuvieron la gentileza de acompañar a la menor hasta los alrededores de una comisaría.

Los diarios del martes (entonces los lunes no había más que la Hoja) dieron cuenta en unas breves líneas de “un atraco a mano armada en un hotel”, pero en las calles empezó a propagarse la verdad de lo ocurrido, y la imaginación popular añadió al suceso que la menor era sobrina del constructor y que se iba a casar en unos pocos días. Dos esquelas típicas (“murió cristianamente”) aparecieron en la misma edición confirmando la realidad de los hechos.

Aunque públicamente no se citó su nombre, la persecución contra Facerías se intensificó de tal forma que decidió marcharse a Italia, donde pasó una larga temporada.

El año 1949 fue clave en la lucha de los anarquistas para derrotar a Franco. Entre mayo y noviembre se produjo la gran ascensión y la caída de la guerrilla urbana libertaria.

Facerías llegó a Barcelona a primeros de mayo y convocó una reunión en un pinar de la montaña de San Pedro Mártir, en las inmediaciones de la ciudad. Franco se disponía a visitar Barcelona con motivo de la Feria de Muestras y había que dar una respuesta. Acudieron unos cincuenta hombres, entre ellos Sabaté, Domingo Ibars, Ramón Vila… los más destacados activistas. Se plantearon acciones puntuales, como la colocación de bombas en los consulados de Bolivia, Perú y Brasil -tres países que apoyaban la entrada de España en la ONU-, pero, sobre todo, aquel encuentro histórico sirvió para diseñar un levantamiento popular en Barcelona, algo como poner en pie un sueño.

Se fijó la fecha para diciembre, en torno a navidades; éste era el plan a seguir: Facerías, con sus hombres, se encargaría de asaltar la cárcel Modelo y liberar a todos los presos mientras Sabaté estrellaría un coche cargado de dinamita contra la Jefatura de Policía para dejarla convertida en escombros. Otro grupo irrumpiría en la sede de Radio Barcelona, desde cuyos micrófonos se daría lectura a un comunicado que incitara al pueblo a tomar la ciudad para liberarla, y, paralelamente, otros se encargarían de confiscar los talleres de Solidaridad Nacional” y sacarían una edición con la cabecera de Solidaridad Obrera”, el órgano informativo de la CNT hasta 1939. Massana y Ramón Vila se encargarían de aislar la ciudad a base de volar las líneas telefónicas y de alta tensión que la alimentaban. Así, Barcelona sería de nuevo, como en julio de 1936, territorio libertario.

Pero lo real fue que Franco llegó el 1 de junio, y la presencia en la Feria de Muestras de banderas de Francia, EE UU, Inglaterra y Alemania Occidental dejaba bien a las claras que el reconocimiento del franquismo por la ONU estaba a la vuelta de la esquina. Aunque la presencia del maquis libertario se dejó sentir, ya que, además de las explosiones en los consulados, una bomba dejó paralizada la central eléctrica La Afortunada, y Facerías, personalmente, voló varios camiones cisterna en unas dependencias de Campsa.

Antes de que llegaran las navidades, los libertarios vieron desvanecerse su sueño. No solamente no pudieron acabar con el franquismo, sino que fue el franquismo el que acabó con ellos. En aquel otoño-invierno de 1949, la resistencia libertaria fue aniquilada. Cayeron prácticamente todos los militantes del maquis, y los que no fueron muertos a tiros en la calle o ejecutados serían sentenciados a largas condenas. El exterminio se cerró el 14 de marzo de 1952 con el fusilamiento de cinco anarquistas en el Campo de la Bota, en el mismo lugar en el que, 50 años después, se levantarían las instalaciones del Fòrum. Y así se inició el largo túnel de los cincuenta.

Porque los años cincuenta fueron un túnel en la lucha libertaria. Desaparecidos los cuadros del interior, retirado Massana, su presencia se limitaba a pequeñas acciones esporádicas de escasa repercusión social. Facerías fue expulsado de la CNT por “moroso” y marchó a Italia, donde entró en contacto con jóvenes anarquistas de Grupos de Acción Proletaria con los que compartió adoctrinamiento teórico y prácticas en “expropiaciones”, que llevaron a cabo en bancos y joyerías de Génova y Roma.

A Facerías se le pasó por la cabeza la idea de marcharse a Brasil, pero no podía resignarse a seguir en el empeño de luchar frontalmente contra el franquismo. En 1956 decidió volver a España; lo hizo con su viejo compañero Luis Agustín Vicente y un joven italiano, Goliardo Fiaschi. Los tres en bicicleta y mochila a la espalda. El 17 de agosto cruzaron la frontera con documentación falsa. Entraban en una España que nada tenía que ver ya con la de la posguerra: el aislamiento internacional había terminado, Franco ya estaba en la ONU y no cesaba de firmar pactos y alianzas con las potencias democráticas. Como dijo Churchill, “Franco puede ser un problema para los españoles, pero no lo es para Europa”.

Llegaron a Barcelona el día 27 y se alojaron en una cabaña al pie del Tibidabo. Luis se fue a Sabadell a ver a un amigo y allí le detuvieron. El día 30, Facerías le dijo a Goliardo que tenía que ir a una cita en Barcelona y que, si a medianoche no había regresado, se marchara a Francia. Cogió su bicicleta y después un taxi para tomar precauciones antes de la cita, pero…

Su muerte, que fue silenciada por la prensa libertaria, pareció de alguna forma un anacronismo.

La ciudad y las personas – La muerte de un guerrillero: Josep Lluis Facerías (1920-1957)

JOSE MOLINA AYALA 26 AGOSTO, 2015

HASTA SIEMPRE!

La mañana del 30 de Agosto de 1957, Julianín y  yo  salimos a correr por los campos cercanos a nuestro barrio como lo hacíamos cualquier otro dia de aquel verano u otro verano.  Aquel dia iba a resultar diferente. Por la mañana había llovido,  el dia estaba de un gris plomizo, las calles casi vacías, el azar nos condujo a un descampado que había delante del Manicomio de San Andrés  en el cruce de la calle Dr. Pi i Molist con el Paseo Verdúm y Pº Urrutia de Barcelona. Entre los matorrales jugábamos con los caracoles que habían salido de sus caparazones. De súbito  hacia las 10,45 de la mañana ruidos estridentes y ensordecedores irrumpieron en el lugar. Un hombre corría detrás del muro que había junto al Paseo Verdúm, cayó cerca de nosotros. Sin tener conciencia de lo que realmente estaba pasando, fuimos a su encuentro. El hombre yacía boca arriba, tenía su camisa blanca empapada en sangre, manipulaba algo entre sus manos.  Un policía de paisano se acercó gritando que iba a tirar una bomba. Nosotros asustados huimos del lugar. Teníamos ocho años.  Balas disparadas por la policía y la guardia civil desde ocultos lugares mataron al guerrillero Josep LLuis Facerias.

La muerte violenta de Facerias en la mañana de aquel 30 de agosto quedó gravada en la memoria de la gente del barrio, en la memoria del movimiento libertario y en especial en la memoria de los tres niños testigos de su muerte, Julianín, Josico y la mia.  El testimonio de mi primo Josico lo conocí cincuenta años después cuando organizábamos un homenaje a Facerias. Los tres niños mantuvimos casi en secreto durante muchos años aquel hecho que impactó muy adentro de nuestras vidas, vidas que aún no distinguían el ruido de las balas, ni  la violencia arbitraria,  balas que quebraron la inocencia de nuestros ocho años. Los tres sufrimos el impacto de encontrarnos delante de la muerte violenta a esa tierna edad que uno solo descubre la vida y lo  afrontamos  desde nuestras propias soledades en medio de pesadillas e insomnios infantiles. Luego el tiempo hizo su labor y la vida se abría con otros horizontes, sin embargo aquel suceso quedó encerrado en los laberintos de nuestra memoria a la espera de ser liberado de sus escondrijos como así lo hicimos cincuenta años más tarde que nos volvimos a encontrar en el mismo lugar el  30 de Agosto del año 2007. Ese día los tres niños, cercanos a los sesenta años compartimos los recuerdos de aquel fatídico día, recuerdos que por las circunstancias políticas de represión habíamos enterrado en lo más profundo de nuestra memoria.

JOSICO, JULIAN Y JOSÉ TESTIGOS DE LA MUERTE DE FACERIAS EN EL LUGAR DONDE LO MATARON CICUENTA AÑOS DESPUÉS. 30 AGOSTO 2007

La aparente paz de los años cincuenta  encerraba una  guerra larvada  entre vencedores  de la contienda civil y los que aún  no admitían la dictadura y el fascismo. La guerra civil no terminó en el año 1939, continuó con persecuciones, encarcelamientos, fusilamientos, exiliados, condenas a muertes.  El final de la segunda guerra mundial con la victoria de los paises aliados era la única esperanza de la España republicana, de los miles de exiliados y resistentes españoles que participaron  en la derrota del fascismo y en la liberación de ciudades como Paris. Esperanza que quedó frustrada con el fracaso de la invasión del Valle Arán en octubre de 1944 con la Operación Reconquista de España organizada por la Unión Nacional Española y el reconocimiento del régimen de Franco por los paises aliados.

Aún así muchos republicanos mayormente  anarquistas continuaron con su acción guerrillera  casi en solitario  con la esperanza de abrir grietas en el férreo régimen franquista,   a pesar de ser conscientes que tarde o temprano caerían en una contienda desigual donde no habia posibilidad alguna de sobrevivir. Entre esos guerrileros  se encontraban Facerias y Sabater.  En aquellos años tan duros de represión policial cualquier acción contra la dictadura eran una luz de esperanza ante un pueblo silenciado  que necesitaba retomar la iniciativa para volver a reorganizar la lucha antifranquista. Sus acciones armadas no exentas de contradicciones generaron desacuerdos en sus propias organizaciones que desistieron de la lucha armada por las consecuencias represivas que de ella se derivaban. Sin embargo, ellos mantuvieron sus propias convicciones ideológicas, a pesar de ser conscientes que sus vidas tenían fecha de caducidad, como así ocurrió aquel dia con Facerías.

Por aquellos años nosotros no sabíamos lo que era un anarquista. Entrando en la adolescencia, cuando comencé a tomar conciencia del mundo en el que vivíamos, descubrí lo que hasta ahora se nos había ocultado, la guerra civil y todo lo que ella comportaba,  supe de la existencia de anarquistas, comunistas,  republicanos y quién era aquel hombre al que vimos morir, un guerrillero anarquista. Tiempo mas tarde el azar me volvió a poner en contacto con el personaje Facerías durante el Servicio Militar en mi estancia en la Secretaría de Justicia de la Capitania General en Barcelona, por allí pasaban expedientes y sumarios de consejos de guerra, un dia llegó a mi mesa el sumario de Facerias el cual lei con sumo interés recordando los instantes de su muerte. Después en plena actividad social y política en el año 1974 me hice con el libro de su biografia escrito por Antonio Téllez “La Guerrilla urbana. I. FACERIAS, a través del cual supe de su historia y de otros guerrilleros urbanos y de  las difíciles circunstancias en las que se movían en aquellos duros años del franquismo.

Desde hace años cada treinta de agosto junto a anarquistas y vecinos del barrio acudimos  al lugar donde cayó abatido Facerias para recitarle poesias y hacer honor a su memoria. Acordamos hacerle un homenaje en los cincuenta años de su muerte. Siempre pensé que la versión de su muerte que publicaron los diarios, así como la versión de Antonio Tellez  no coincidía con lo que vimos Julianín y yo.  Para resolver esos interrogantes, solicité al Tribunal Militar la vista de los sumarios y expedientes de Facerias. Durante tres dias estuve indagando expedientes abiertos a anarquistas, entre ellos el sumario de Sabater, al final  encontré lo que buscaba el atestado de la policía de los hechos del dia 30 de Agosto de 1957. Efectivamente la versión oficial no coincidía con la nuestra.

Una vez visto el atestado en los archivos militares, solicité también vista del expediente judicial que se abrió en la jurisdicción civil por la muerte de Facerías, acudí al Palacio de Justicia donde se encuentran los archivos. Una funcionaria entrada en años, con cara seria me preguntó por qué estaba interesado en el expediente de un hombre que había matado a gente. Le contesté que estaba interesado por cuestiones personales y profesionales y que me constara, ese hombre no habia matado a nadie. Al tiempo que me hablaba yo me preguntaba sobre el cinismo de algunos funcionarios y de las instituciones del estado de  acusar de bandolero a un activista antrifranquista, en aquellos años de la posguerra, cuando su autoridad provenía de un golpe militar contra un gobierno legítimo como era la República y sobre más de un millón de muertos. Pensé en contestarle ¿de que violencia me está  Vd. hablando? No quise entrar en polémicas.  Me dio el expediente con solo dos folios, el primero, incoaba el sumario 383/1957 por la muerte de Jose Lluis Facerias por disparos de armas de fuego y el segundo  era  el Auto de Sobreseimiento por no aparecer en lo actuado justificación de comisión de delito. Le pregunté donde estaba todo lo actuado, testigos, atestado, autopsia. Me respondió con una sonrisa sarcástica que venía a decirme esto es lo que hay. Y  me fui del Palacio de Justicia, sin  los documentos que por ley debía contener las diligencias abiertas  a resultas de la muerte de Facerias.

No conforme con la versión oficial del atestado, indagué a través de personas que pudieran haber visto los hechos desde el otro lado del muro donde estábamos nosotros, era dificil encontrar a alguien, habían pasado muchos años. Sin embargo, por casualidades de la vida, hablando un dia con mi primo Josico, le comenté lo que estaba investigando, me dijo que el también estuvo allí y vió como ocurrieron los hechos. ¡¡Increible!!  ¡ Lo que estaba buscando lo tenía en mi familia!. Le dije cuéntame todo lo que ocurrió ese dia. Me dijo, que habia venido con su padre a nuestra casa del Turó de la Peira, preguntó a mi madre por mi, y ella le dijo que estaría jugando por los alrededores del Manicomio. Vino en mi búsqueda. Bajó por las Casas Baratas y el Pº Urrutia, y  al llegar al cruce con el Pº Pi i Molist, nos vio a Julianin y a mi en el descampado, pero  dos hombres de paisano (policias) le pararon y no lo dejaron continuar. Al instante vio a un hombre que venia en bicicleta del Pº Verdum y  desde el muro del Manicomio aparecieron policias y guardias civiles ametrallándolo cayendo al otro lado del muro, donde estábamos nosotros.  La versión de mi primo Josico confirmaba la de Julianín y la mía, no intentaron detenerle como dice la versión oficial.

Mientras los pacientes del Instituto Mental aquella mañana del 30 de Agosto, suspendían sus labores terapéuticas de cultivo, policias y guardias civiles ocupaban sus puestos en el muro del Manicomio y en otros edificios colindantes para cumplir la orden de matar a Facerías  organizando con dicho fin,  una emboscada para  cobrarse la vida de uno de los guerrilleros mas buscados en aquellos años.  Convenía más matar la leyenda del guerrilero  y  desacreditarlo por medio de la prensa con descalificaciones que intentar detenerlo y enjuiciarlo por los supuestos delitos que hubiera cometido.(LVG-Muerte de Facerias-)

Aquella mañana Julianín, Josico y yo no solo fuimos testigos de la muerte de un hombre que resultó ser un guerrillero antifranquista sino también fuimos testigos de las maniobras de un estado policial que utilizaba la ley a su conveniencia bajo la complicidad y el sometimiento de  los poderes públicos, y la colaboración de la prensa controlada por la dictadura. Desde entonces han pasado muchos años, pero siempre es válido el tiempo para clarificar los hechos y  sobretodo recuperar la figura del personaje Facerias, que entregó su vida por la justicia social con todas las contradicciones que comportaba la lucha armada.

Después de aquel 30 de Agosto de 1957  la vida en el barrio continuó su ritmo y la sucesión del tiempo iba sustituyendo los acontecimientos del dia a dia en una constante transformación de la vida de cada uno y de la vida social del barrio. Conforme nos adentrábamos  a la década de los sesenta vinieron importantes cambios tecnólogicos, culturales, sociales y económicos. 

26 de Agosto de 2015. José Molina Ayala

Poema de Pep Molina A Facerias.
30 de agosto 2008

A LA LIBERTAD

Desafío de la guerra de los tanques y de las bombas Desafío del fascismo de los perversos intereses no intervencionistas de las victorias y derrotas

Desafío de la paz ensangrentada de los silencios amordazados y de la libertad encadenada

Desafío de la vida arbitraria y cotidianamente inerte de las noches impuestas y de las silenciosas amaneceres

Desafío de la riqueza de los privilegiados de las normas sin sentido y de las prohibiciones

Desafío de la lluvia y los vientos de la pobreza de la muerte inocente

Desafío a la vida ya tu propia muerte

Desafío A las balas asesinas de aquel fatídico 30 de Agosto 1957 que no lograron vencerte

AQUÍ tu última mirada brotaron semillas de libertad.

 

Muerte de un anarquista FACERIAS II – Vidas marcadas. 

Muerte de un anarquista FACERIAS II – LOS TESTIGOS.       

                       Homenaje a Facerias

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